Cuarto Trazo. Lo aleatorio.

Según encendí el ordenador y abrí como un autómata los programas que abro siempre, se iluminó una bombilla más en la habitación, la de mi cabeza. Lo que ocurre es que puse en el reproductor una canción que ayer no paré de escuchar, y, claro, letra en inglés y música bonita: vamos a soñar. Esa canción la encontré cotilleando en un portal mediocre -seamos sinceros-.  Antes me gustaba el artista; no quiere decir que lo siguiera. Ahora he descubierto tres minutos largos de notas que confirman mi identidad.

Empieza, cierras los ojos. Si sabes apreciar la música, creo que sabrás por qué se cierran los ojos. Para abrir la mente. Cinco segundos: una corazonada de que merece la pena. A los veinte y a los cuarenta, ya es parte de ti. Sientes las letras deslizándose, doradas y brillantes, por tu cuello, tus brazos, y la punta de tus dedos, quieres escribir, decirlo, pero no dejar de disfrutar. Los sentimientos, casi como si los vieras, de veras. Como si fueran arterias y venas brillantes, la ilusión es color amarillo oro. ¿Dónde está el papel y el lápiz? ¡Tengo mil ideas! Una inyección de esperanza cuando suena el coro. Catarsis y ataraxia en tres minutos.

Ahora soy valor, fuerza, inspiración, poder, constancia, energía, ilusión, magia, y picardía, como poco. Como guinda del pastel, la carpeta donde pone "yo". El resto de canciones que me recuerdan lo que soy. Las que me sacan una sonrisa. Las que me hacen llorar, mucho y bien, y sin motivo. Las que están llenas de recuerdos. Las que me sugieren una imagen nublada por las lágrimas: mi mano y la suya, palma con palma; era una despedida. Las que... Todas. Cinco horas de dedicarme a mí misma. Cinco horas de felicidad autosuficiente. Sin que te cobren nada por ello.

Y todo, porque encendi el ordenador. Qué quieres que te diga, ya no me creo que la tecnología atonte.
pd. disculpen sea comercial, no suelo, pero me inspira.
pd1. la primera de la carpeta "yo", popularizada en un -casi- clásico del cine.

Comentarios

  1. ¿Cinco horas de dedicarte a ti misma? Qué bien haces, normalmente estamos pendientes de nuestras cosas, pero no de nosotros mismos (incluso los fines de semana, estamos más pendientes de los amigos y de hacer cosas ociosas porque "es lo que toca", pero tampoco de nosotros mismos exactamente).
    De hecho la gente entiende que no la atendamos porque hemos quedado con alguien, pero si decimos que esa noche queremos quedarnos en casa oyendo música y escribiendo, se quedan a cuadros (a algunos hasta les sienta mal).
    Y sí, esos ratos son mejores aún cuando no se esperan. Son de los mejores regalos del destino (o de la suerte, de algún bicho de esos, vamos).

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