Duodécimo Trazo. Confesiones de una relación, o el ser afortunado.

Cada día, cuando me levanto, doy gracias al de arriba porque decidieras hablarme a mí y no a cualquier otra. Cada día le doy gracias al cielo porque decidimos arriesgar, y míranos, aquí estamos. Nos ha costado sangre, sudor y lágrimas, un poco como todo, pero hemos llegado hasta aquí. Porque tuvimos miedo, pero no nos pudo. No hay nada mejor que mirarme al espejo por la mañana, lavarme la cara y que aparezcan restos y recuerdos de los besos y placeres de ayer. Miento, lo mejor de todo, es que hoy se repetirán, volveré a sentir un escalofrío en cuanto te vea y se encenderán todas las alarmas en cuanto me mires. Que entre sábanas, de repente, te quedarás quieto y me dirás que me quieres, y que después casi perderé el sentido por ti. Que podré quedarme en tus brazos contando cada poro de tu piel, dejando cada centímetro cuadrado sin aire entre los dos, llena de algo más puro que la felicidad. No hago más que pensar que aunque discutamos, tenemos la suerte de ser como somos y de comprendernos, mejor o peor, de encontrarnos completos en el otro, de complementarnos a la perfección. De que me vuelva loca tu olor y tus orejas, de que pueda llorar por cada canción que escuche, me recuerde o no a ti -y mira que hay muy, muy pocas, que no lo hacen-. De que se te pase todo con abrazarnos y seas una tumba de silencio, de que me obligues a adivinarte y de ser más felices de lo que pudimos imaginar estando solos, los dos juntos, muy juntos. Tenemos suerte de conocer el punto de inflexión de cada uno de nuestros vicios y virtudes, y de querer y saber esforzarnos en hacerlos encajar. Tenemos suerte de encajar nosotros mismos, de que todo esto sea amar y que las palabras se queden cortas o no las sepa encontrar -¡mucho me costó reconocerlo!-, de conocer los más oscuros deseos del otro, y poder convertirlos en hechos, con un solo movimiento. De construir un futuro de sueños que se van haciendo poco a poco realidad, como castillos de arena hechos en el aire. Es cierto, somos muy afortunados. Y doy gracias al de arriba, por habernos encontrado, por habernos seguido amando a pesar de cualquier tipo de adversidad, porque este hilo amarillo brillante que nos une no lo haya querido nadie para coser otra historia, y porque hayamos sido capaces de trenzar la nuestra propia.

Comentarios

  1. Deja al de arriba... que ese está ocupado haciendo llorar angeles para que llueva.
    Date las gracias a ti misma. Sin ti (o sin el) nada de eso seria posible por mucho que el caprichoso de Yavé quisiera.

    ;)

    ResponderEliminar
  2. muchas gracias por tu comentario! me ha gustado mucho este escrito!! :D
    un saludo

    ResponderEliminar
  3. Morao, ya sabemos tú y yo de las discrepancias religiosas, tú llámale Naturaleza :)

    ResponderEliminar
  4. Es muy bonita. Bueno cualquier historia d eamor es bonita, siempre y cuando sea verdadera. Además cada vez es menos frecuente encontrarlas. Peroes que vuelvo a repetir que eres única expresando sentimientos. GRACIAS!!!

    ResponderEliminar
  5. No hay nada mejor como algo que quiere ser como es, y no porque no pueda ser otra cosa, si no porque quiere y se encuentra en ello, como es el casode esta trenza, que no ha sido esculpida por ningunas manos, si no por los dos mechones mismos que la forman, sujetados por ninguna goma, sólo por la fuerza que tienen entre sí.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Instrucciones de uso

A "Joven y Bonita"

Hoy y siempre, a ti