Segundo Trazo. Familia.

Me he permitido, egoístamente, hoy, como ocasión especial, robar -qué mal suena, no-, recoger -mejor- una frase de un artículo de un conocido, a quien debo realmente la existencia todo esto, y, aunque elegí en un principio otra, no hay frase mejor que la que he decidido finalmente, no para un día como hoy.
"Aprende a entender a tus padres, será tarde cuando ellos ya no estén. Llévate bien con tus hermanos. Son el mejor vínculo con tu pasado, y probablemente serán ellos los que te acompañen en el futuro."
Tus padres, tus hermanos. Son esas personas con las que has compartido la mayoría de años de tu existencia, sobre todo si eres joven, y son los mayores desconocidos que te has encontrado jamás. Igual, con un poco de suerte, podrías describir su cara. O sus ojos. O su mirada. O sus manos.

Pero eso no es suficiente para poder llamarlos padres, o hermanos. Tener un padre, una madre, un hermano o una hermana es conocerlos. Si no, no puede decirse que los tengas, si solo te los ha regalado la sangre y no los ha descubierto el corazón. Hay que conocerlos. Igual que te esfuerzas en conocer a ese chico que puede ser un buen amigo, o eso crees y esperas, o igual que te esfuerzas en conocer a esa chica que ejerce ese magnetismo sobre ti, esfuérzate en conocerlos. En amarlos, no en quererlos, en comprenderlos, no en entenderlos, en sentirlos, no en imaginarlos.

Es curioso cómo tendemos a obviar nuestro entorno. El amigo que nunca se ha ido, la chica que ves siempre en el bus, por las mañanas, a las 7.55, cuando no ha salido el sol y las ardillas bostezan -ahora no, que hace frío-. Ellos, siempre permanecerán; nunca oyen un gracias, quizá se conforman con la sonrisa tonta que se nos pone al verlos -que, en ambos casos, lo son, por diversos motivos-. Tu pareja, que te ha visto crecer y evolucionar, que lo hace a la vez contigo. Todos ellos se obvian. A veces tienen la suerte de que caemos en la cuenta de que lo hacemos, pero, ¿cuántas veces te has dado cuenta de que no sabes cómo hablar con tu hermano? Si tienes la suerte de superar los 20 y que tus hermanos lo superen, igual la cosa cambia, o quizá no, pero, si no la tienes, ¿eres capaz de llegar, y decir un "te quiero" sentido? Susurrado, claro. Y claro que le quieres, es tu familia. Sí, tu familia, esa gran desconocida, otra vez. Compuesta por tus padres, y X hermanos. O ninguno. Conocerlos.

Si eres capaz de describir no su carácter, sino su alma, entonces, eres un gran afortunado. Tan afortunado que sabes cómo son, sus sueños, sus aspiraciones, sus miedos, sus relaciones, sus manías, sus sentimientos, y no necesitas pensar para interpretarlos. Tan afortunado que yo, que me considero feliz y completa, me doy cuenta de que puedo no serlo si no logro ser lo afortunada que yo quiero en ese sentido. Cuando le preguntes a alguien qué es lo más importante en su vida, te dirá que la familia, los amigos, el dinero, la salud, la pareja, o cualquier cosa parecida, pero siempre, la familia. ¿Qué harías si tus padres ya no estuvieran? Si un día sucede, ¿de cuántas cosas te arrepentirás porque no salieron de tu garganta? Se quedaron como gritos, ahogados.

Tendemos a pensar que todo nuestro conocimiento sobre la vida no es sino aplicable al entorno inmediato, en el que obviamos, cómo no, la familia. Pero, ¿quién te ha dicho a ti que son superhombres o supermujeres, y que son perfectos, que no se equivocan? Vamos, si hasta tú les llevas siempre la contraria, y crees tener razón -y sueles tenerla, o no-. ¿Quién te ha dicho que tu madre es quien te cocina y quien te plancha, quien te limpia, y que no le gusta soñar con que algún día podría ser una viejecita orgullosa de sus nietos? ¿O que algún día te levantarás y, antes de que se despierte, habrás hecho todo lo que ella suele hacer además de ir a trabajar, y hasta habrás preparado un plan para repartir el trabajo de una casa que formáis todos? ¿Quién te ha dicho que tu padre es quien suelta el dinero, y que por llegar tarde del trabajo ya no te quiere?

No obvies, Habla. No te resignes, piensa. Siempre, siempre. Pero en toda tu vida, sobre todo con quien te ve levantarte en pijama hecho un asco y quien te ve irte a la cama -si te ven- hecho un asco y medio. Para ser feliz no necesitas solo tus amigos, tu dinero o tus mujeres u hombres, necesitas a tu familia. Para ser completamente feliz necesitas tener algo que seguro, seguro, que no te abandonará nunca. Los lazos de sangre unen apellidos, los lazos de corazón unen a las personas. Atrévete a tener, pues, lazos de corazón mezclados con sangre.

Y si no sabes cómo, escúchate. O escucha a otros, que siempre te hayan aconsejado bien, no como mejor supieron, sino bien. Siéntate, sé valiente, y habla. Tú no sabes de ellos, pero es que ellos, tampoco saben de ti. Lucha por ser feliz.

Comentarios

  1. Me cuesta creer que tengas esa capacidad de escribir, cosas tan directas y profundas, y no te dediques a esto...Es tremenda la envidia que me da ver como expresas tan facilmente todo lo que sientes, y como lo vas encajando en el texto...

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  2. Cuánta razón tienes. Lo que nos cuesta mover el culo del sofá de la comodidad; incluso un "Gracias" porque nos llenen el vaso de agua a al hora de la comida nos suena rarísimo. Nos hace sentir incómodos por falta de costumbre y porque no se nos enseña a mostrar nuestros sentimientos, creo yo. Nos costumbran a mostrar nuestros mejores modales ante la gente de la calle y nos olvidamos de los de casa, a los que en muchas ocasiones tenemos mucho más que agradecer.
    Empezando por el principio, cuando vi el vídeo de un parto pensé: "¿Y todo eso hizo mi madre para que yo saliera por ahí abajo?", y me pregunto a veces cuánta compensación se necesitaría para suplir eso (no lo he averiguado, pero creo que aún no he llegado ni de lejos).

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