Undécimo Trazo. Peligroso es la palabra.

Siempre me gustó reflexionar sobre los tópicos, y ayer viví algo que me hizo comprobar la veracidad de uno, o de unos cuantos que se refieren a lo mismo, resumidos en esa frase sempiterna en boca de los experimentados: no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Cuando ocurre una situación traumática en mayor o menor medida -por suavizarlo, diré que fue complicada, un tanto dura- que tiene un final feliz dentro de lo que cabe, constatas la fragilidad del mundo y la propia, además de la importancia que ciertas cosas rutinarias tienen para ti. El simple hecho de caminar suponía un esfuerzo tremendo, y aún así solo tenía ganas de entrenar, de saltar, de correr, de gritar -también hablar dolía-, y de salir de esa camilla incómoda corriendo dejando a los médicos con las pruebas en la mano y una sonrisa bobalicona, que fuera mitad por presenciar un milagro de esos que no creen, y mitad por haberles contagiado la vitalidad en un momento de preocupación. Pero no podía. Limitaciones físicas para una persona que es toda mente, vaya situación.

Descubres también tu propia estupidez; propia, por ser personal, y propia, por pertenecer al género humano. Por asumir riesgos que no debieras haber asumido -tomo nota mental, la próxima, con más cuidado-, y por la necesidad de aprender a base de hostias -es la palabra más adecuada y tiene un doble sentido, no obstante, mis disculpas-. Ayer pasé miedo, y más miedo pasé cuando vi que otras personas cercanas a mí también lo pasaban. Me di cuenta de que importo mucho a las personas que me importan mucho, a pesar de riñas y disgustos aislados -aislados, porque la tónica general son las sonrisas muchas veces-, y es la mejor medicina para el alma, cuando estás asustado. El calor humano.

Por otra parte, también es la mejor medicina para la reflexión, saber del calor humano hace sentirte menos solo cuando crees que solo existe la mente. Y es que constaté, una vez más, que es tan importante un abrazo como una palabra, tan necesaria el alma como el cuerpo, tan serena la nieve como las lágrimas de otros por ti. Gracias a todos.

Por cierto, no os preocupéis, no fue nada grave que no cure un par de días en cama. No me gusta dar a conocer hechos tan puntuales, pero no pude hacer menos si sí que quiero que alguien lea lo que pienso y podamos compartir lo que aprendo.

Comentarios

  1. si es que al fin y al cabo somos mamíferos.No dudes del valor de un abrazo ni de las palabras que curan. Estar solo en el mundo no es tan fácil y nadie pide permiso para querer.

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  2. ¿No son la lieratura, el cine y demás parientes imitación de la realidad (incluso también la revés)? A ver si no son ahí los momentos claves un beso, un abrazo, una frase fulminante o significativa... Es lo que el público acaba recordando.

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  3. Mejorate anda ;)

    Y a entrenar cuando te mejores! que nos pegamos un rato.

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