Vigésimo Tercer Trazo. Lamento por letras encajadas.

Vivo en búsqueda de la excelencia, de la originalidad, o la falta de la misma hecha algo nuevo a través de las palabras. Trato de encauzarlas desde mi espalda y mis brazos, cuando serpentean serenas y vivas por las yemas de mis dedos. Son doradas y color tinta. Sé que huelen a emociones y aparentan sentimientos, que nunca fallan a no ser que tú lo quieras. Que se hacen mentiras a tu voluntad, que las puedes controlar. Que ellas te controlan a ti y se convierten en una droga letal para tu alma y tu razón. La locura se roza a la par del éxtasis cuando te tocan; es su tacto el que te hace ascender al cielo y buscar cada vez una mayor exactitud. La perfección es la meta de un ingeniero: yo estudio una experiencia de vocablos con sentido y de sinsentidos verbalizados. Pero, ¡ay! qué vacías las palabras... cuando no son capaces de expresar el amor. Pero ¡ay! qué vacío el intelecto cuando no es capaz de utilizarlas... Ay, qué lamento por el aprendizaje lento, y qué expectación por el próximo momento intenso...


Comentarios

  1. Ya sabes siempre habla una palabra que te mate, una que te cure, una que te hiera, una que te salve, una que te pierda, una que te aleje, una para la vida, una para la muerte, una para el retorno. ¿El amor? Es una palabra, o dos. Incluso la lentitud se mide con palabras. ¡Qué bien escribís, excelencia!

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  2. El amor sí es una palabra. Es la vida. Yo, excelencia? Ya podría, y espero serlo, eso sí, cuando sea vieja, muy vieja. Alcanzar la plenitud demasiado pronto es la peor de las torturas.

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  3. EL ingeniero busca la técnica. Trabaja en un mundo controlado, el escritor trabaja en un mundo caotico. Pero bien sabido es que si hay blanco y negro... hay gris.

    La plenitud existe????? Nhá
    Todo depende donde pongas el limite.

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  4. Pero, el límite más alto, siempre será la plenitud! o el más bajo,oye.

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  5. El ingeniero cree que trabaja en un mundo controlado? La técnica controla al ingeniero. El negro no existe y el gris compone una escala larguísima, ciento quince variedades conocidas. Y el mundo del escritor es caótico por decisión propia. Sólo no creen en la plenitud los nihilistas ni los materialistas dialécticos, es decir, los adoradores de la técnica en el pasado, un magnífico régimen de totalitarismo y terror, gran producción de crisis económicas.

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  6. El mayor peligro lo veo en la infinita variedad de combinar las palabras por lo que dice Avellaneda, te pueden hacer tirar desde una azotea, te pueden dar la vida, te pueden molestar, te pueden asombrar... Y por ahí está perdida la plenitud.

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