Don Cartero Fuegos.

Se oye solo el ulular del viento, ya. Dos días atrás era simplemente una brisa recién evolucionada del soplo de Cupido. Hoy, y de la noche a la mañana, estoy envuelto en una tormenta que ha sido un huracán devastador hace apenas unos instantes. Tengo la sensación de estar en un lugar distinto, aunque no he salido de esta casucha frágil de inseguridades. Quizá la razón de mi sentir sea que las miradas de soslayo hacia la ventana me muestran un paisaje distinto del entorno en que solía encontrarme y que además, está medio muerto, sino muerto entero.

Aquí, en casa, se está bien. Me queda poca leña, y espero que alguna visita fugaz me provea de unas ramitas para ir tirando, y me ahorre el suplicio de salir. No quiero conversación, solo quiero un par de excusas para mantenerme aquí dentro, tan cómodo. Tan solo.

No quiero salir, porque soy un tanto un tonto y un tanto cobarde. A ti nunca te lo escribiría ni lo versificaría, pero como al término de esta carta, será entregada a Don Cartero Fuegos, no me importa. Supongo que con pensarla valdría, pero ahora que la escribo, no sé si es por la alegoría de prenderla o que espero un redentor encarnado en una visita amiga. Tú esperarás también un redentor, y cuánto te lo mereces.

Antes del huracán, te miraba desde la ventana, mientras me mordía las uñas. Estabas tan bonita en tu palacio de cristal, donde los más magos solo entran... y en el que, sin yo saber por qué y menos saberlo tú, me colé en un tiempo de alegría compartida. Lo confieso, tu persona me asustó. Compréndeme, siempre viví en un mundo de gentes, flotando aunque sucio en esta mediocridad infame, y siempre me dije que vivía bien. No es mi tiempo este de volver a tu castillo, tenlo presente si ni siquiera olfateo fuera de la única puerta que tiene esta pocilga.

En lo más profundo y oscuro de mi corazón, que tú dijiste que tenía, creo descansa el lamento por las decepciones y la frustración que me acosa a cada instante. Recuerdo tu figura imponente y tu mirada serena, que encerraba -y seguro aún encierra y no se marchitará nunca- todos los fuegos y los mares que has visto, en un trono dominante y frío, a tanta distancia del mundo como increíble fue tu implicación en él.

Hoy no sé qué digo con esto. Me siento tan agradecido por lo aprendido a tu lado; aunque yo fuera un aprendiz torpe o desinteresado, sé consciente de que la iluminación me llegó tarde, tan tarde que aún no la he visto y quizá sea esa luz que tanto miedo da bajo la rendija de la puerta. Mi inconsciencia confía en que una de esas visitas superficiales traigan prendido en el pelo un poco de ese brillo. Qué iluso. Ninguno será tan grande como tu palacio de cristal, por muchas ramas para el fuego que me traigan.

... Aquí estoy, añado líneas esperando a quien no llega. ¿He de ir yo a buscarlo? A encontrarte a ti, para mí musa de musas. No puedo. Cerré la puerta con llave por dentro y la tiré al fuego; solo se abre por fuera o de un empujón cuyas fuerzas también me dan miedo...

Comentarios

  1. Siempre tuve la intuición de que eras muy buena escribiendo. Ahora puedo decirte que sabes perfetamente cómo llegar a los demás.
    Creo que este blog es un pedacito de TI y yo,al menos, seguiré todos tus relatos.

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  2. Muchas gracias María, me alegro mucho que te guste^^

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