Si quieres amar.

Me gusta observarlo. Sus ademanes, sobre todo, su franqueza, sus gestos. Mueve la cabeza, siempre, según llega a casa, como si estuviera confundido, y empieza con un borbotón de ideas inconexas sobre la cantidad de borregos que hay por el mundo y la cantidad de cómplices que tienen, más borregos aún. Siempre me saluda con un "vamos a ver", y se deleita en sus palabras, ensimismado, mientras se desviste. Yo le oigo desde el salón, con una sonrisa divertida, y es que no puedo menos. Se me acerca, me da un beso en la frente, y yo le escucho, paciente. Cuando derrocha lo oscuro de su alma, me dedico a barrerlo con las frases oportunas y un amor incondicional, hasta que se siente bien, y me pregunta "¿qué tal el día?". Siempre añade un "te he echado de menos" o un "ojalá hubiera podido ir a comer contigo, me apetecía tanto un abrazo". Pero no importa, solo importa que, cuando llega, y expresa lo que necesita expresar, confía en mí y, a partir de entonces, se dedica por entero a nosotros, convirtiéndome en su diosa. Él para mí siempre es un dios, y, en este clima de paridad, consigo alcanzar el éxtasis personal. Mi ideal de amor siempre fue un equilibrio, una equidad y una entrega total. Claro que siempre fue un ideal, y, de la mano de la experiencia y vigilada desde las nubes por la voluntad, comprendí que la entrega total no es equitativa... pero sí es personal. Si quieres amar, entrega al máximo tu persona, hasta que el amor termine, hasta que la rosa se seque, del todo. Si quieres amar, ¡ama! Y vive la locura de amar hasta la extenuación. Solo así tu vida habrá merecido la pena. Guíñale un ojo al mundo.

                                                 

Comentarios

  1. Y aquí, otra reverencia y un discreto mutis.

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  2. Claro, si tienes delante una naranja con el zumo más rico del mundo, ¿cómo no exprimirla hasta la última gota? Nadie la va a estrujar como tú; crea tu propio estilo, el que va a saborear el zumo eres tú.

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