Trigésimo Cuarto Trazo. Ella.

Huye.
Las calles vacías y solas,
y ella huye.
Un monstruo la persigue.
Y huye.

La ropa le cae a jirones inocentes,
ignorando inerte la atrocidad.
Mares negros resbalan
por sus pestañas azul cobalto.
Y ella, huye.

Su gesto teñido de rubor permanente
acompañará sus pesadillas
que calarán en lo mas hondo.
Se sentirá sucia por haber
servido a un juego sencillo.
Huye.

Los sonidos son abstractos,
los edificios la miran riendo.
Huye.
Gruñe el monstruo.

La sangre cede tras las garras
que siguen a unos pasos inestables.
Y las heridas queman.
Hierven la voz y el auxilio.

Nadie la ampara.
Está sola: con un monstruo.
Y los charcos del suelo no reflejan nada.

Huye, se tropieza. Cae.
Y está perdida para siempre,
porque nadie la ampara.




A/A Baudelaire, por "El vampiro".

Comentarios

  1. Ella, siempre ella...
    con sus pestañas azul cobalto
    me sumo al agradecimiento =)

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  2. Lo que pueden ser unos segundos y todas las cosas que ocurren en ellos, como un martillazo seco que te duele durante días, y que hasa te puede dejar cicatriz. Y con un monstruo que puede ser lo que a cada uno le parezca.
    Sí recuerdo (aunque el texto se llame "Ella") haberme sentido así más de una vez (aunque la angustia en esos momentos pueden ser enorme, como tú describes, y con buena estética a mi parecer, recuerdo con sabor a gloria cuando conseguía huir).

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