Trigésimo Octavo Trazo. Oración del condenado.

Por favor, envíame por correo urgente la Llave del Olvido. Enséñame la cerradura de mi alma y hazme volar en la ignorancia del no recordar nada. Ayúdame a huir lejos donde no existan las ideas, donde no se sienta nada y nada se pueda valorar. Déjame ser cobarde y largarme dando tumbos, vomitar en cada esquina el disgusto y la rabia. Ampútame el sentido que me permite echar de menos, deja que me desangre. Ahórrame el dolor que ya no lloro, arráncame la piel y distrae mi mente de la amargura de amarte. Suprime los latigazos que me golpean al ver de refilón la realidad, por favor, mátame, dame una muerte rápida, no quiero sentir más. Dame una muerte rápida, que con el paso de los años aprenderé a renacer...si acaso, para volver a suplicar una eutanasia o el suicidio del corazón. Déjame no sentir...

Comentarios

  1. Ya no sé qué me gusta más, si tú condena o que seas una creyente que eleva su plegaria hasta el límite exacto de la belleza que salva de todo y que es dichosa como una piedra que no siente y sólo es un azar en medio de la vida.

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  2. No sentir es prácticamente no ser. No sé si compensa.

    Saludos!

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  3. Curioso cómo deseamos unas veces vivir y otras morir. Cuánto nos ahorraríamos cantiad de veces si no sintiéramos o no supiéramos algo... Pero entonces ¿Quedaría algo con algún valor?
    Me encanta cómo describes la desesperación. Maravilloso.

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  4. Cuando se siente no es complicado de explicar.

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