Trigésimo Segundo Trazo. Fénix.

Me siento un Titán con el mundo a la espalda. No por grande, sino por la carga. Y soy un Titán de color negro, ojos rojos y miembros agarrotados, que a cada paso ve nacer mucha gente y morir, muy poca, aumentando progresivamente el peso. Las mareas se escapan a ratos de la superficie y me golpean en la cara, riéndose de mí. Todos se mofan, todos lo saben y nadie me acompaña. Allá en un rincón está la esperanza, asustada porque la han mutilado brutalmente y sangra, el orgullo, que ya no se mira en el espejo, y la ilusión, que se enfrenta al tiempo mientras éste la devora. Y ante tal panorama, los grilletes de mis tobillos suenan al compás del tic-tac macabro del destino. Ése sí que me roba tiempo, y me araña y se relame con cada segundo perdido. Yo llevo encima el mundo, porque el corazón me dice que es mi cometido, y veo nacer mucha gente y morir, muy poca. Y el miedo, ya ni lo siento. Se transformó en ese tinte negro y permanente que ensombrece mis huellas.

Pero mi alma está intacta. Si acaso se apena por ver el esfuerzo del corazón, pero flota allá arriba donde no hay nubes y brilla el sol. Ella sabe más que nadie ni nada y ve más allá. Sabe que llegará el momento en el que, al dar un paso, me dé de bruces con un muro alto, ancho, grueso. Y en ese momento, toda la energía que tengo dentro como Titán saldrá, y el mundo se hará fuego y los mares nubes. Y la esperanza, el tiempo, el orgullo y la ilusión serán destruidas. Y las cadenas desaparecerán y el alma volverá a mi cuerpo cuando mi coraza de Titán se olvide. Y será entonces cuando renazca. Y quizá entonces el muro haya desaparecido también, o quizá... me muera. O quizá tenga que aprender a bordearlo buscando su final, una vez muerta.


La vida, dicen, es un continuo renacer. Pero yo aún no he muerto.

Comentarios

  1. si,enserio,esto ya es hacer poesía con ganas!

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  2. Y si el peso del mundo te aplasta, ya sabes, alza la mirada, incendia la tiniebla y grita contra el viento: "Vamos.Os mostraré la vida". Y verás cuánta gente te sigue, fija en ti su vista, pero tú otra vez estarás condenada por la poesía.

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  3. El caso es seguir; sin ganas no se logra escapar de ninguna prisión e incluso se encuentran otras nuevas.

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