Vigésimo Cuarto trazo. Íon.

La esperanza crecía -color ocre y con vetas verdes- en todo su ser. Miró en derredor, y cada arbusto le pareció diferente. Elevó la vista al frente y observó con cuidado la fachada del caserón. Parecía que lo esperaba. Suspiró de satisfacción. Recorrió los tres metros escasos que le separaban de la puerta fijándose en cada piedra de la entrada. La puerta era sobria y fuerte, había resistido mucho. La abrió con la llave que le había entregado aquella señora con rulos y aspecto bonachón que decía ser agente inmobiliaria. Con una habilidad pasmosa, vestigio de sus tiempos de ladronzuelo romántico, la abrió, y una bofetada de un olor a niñez tardía cruzó su cara. La luz teñía el vestíbulo de una atmósfera suave y calmada. Lo arrolló una oleada de recuerdos mezclados con su alma. Y empezó a llorar.

Lloró y lloró y lloró tres días, acurrucado debajo de un mueble en el que tantas décadas atrás se había escondido entre juegos. Cuando despertó, agotado, nada había cambiado. Todo en su sitio, tres dedos de polvo en el suelo y el decorado. Sus recuerdos aguardaban, pacientes, a su actitud y decisiones apropiadas. Se incorporó, y, aun sediento y opaco, logró mantener su mente clara. La organización y la necesidad se hicieron un gran hueco en su mente y dominaron la situación. Había demasiado trabajo por hacer, y ya estaba perdiendo el tiempo. Inmediatamente, comenzó a reconstruir su sueño. Nada lo detendría, ya era valiente. Seguir llorando no le devolvería todo aquel tiempo feliz de dejavús.

Comentarios

  1. Tú almacena bonitos recuerdos, o feos, da igual, porque el tiempo los volverá hermosos. Al final lo que queda de la vida, dormirá ahí.

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  2. noe tia....es impresionante....

    Te Quiero cielo

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  3. Es una pena que cuando despertamos de esos sueños que de vez en cuando aparecen para darnos la vida pensemos que nos hacen perder tiempo para seguir nuestra ruta de "muertos".
    Supongo que en su brevedad es sobre todo donde está su mayor esplendor.
    Maravilloso, Noe.

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