Vigésimo Séptimo Trazo. Noemí.

No sé por qué aún soy capaz de caminar. Debe de ser que ayer noche, entre sueños y aspiraciones, combinaron mi esqueleto con algún tipo de estructura metálica y fría que me impide caer. Sí, será eso. Las risas vacías me alejan aún más de esto que llaman realidad. Clamo al cielo por poder llamarlo pesadilla y que mañana sea el despertar. Clamo al cielo, y no hay respuesta. No hay respuestas...

Me miro al espejo y veo frío, lo juro. Susurro un "por favor" que me devuelve mi reflejo. Juraría que a veces la expresión se torna socarrona. Será que me traiciona la vista. Sí, será eso. Que me traciona. Miro mis manos y recuerdo cada movimiento, cada caricia y todo lo que han hecho. Desde que toqué una blusa azul en un hospital diecisiete años atrás. Lo recuerdo todo.

Observo hoy lo que dicen que ocurre ahí fuera. Lo veo desde lejos. Nos separa una mampara que retiene los sentimientos, las emociones. Que me hace ver los recuerdos, solo verlos. Estoy deshidratada, ya no queda agua. No queda ni ansia, solo una meta que se me hace ver lejana, más lejana cada vez... No sé nada. Sigo sin saber nada. Y la silla cada vez está más fría y la habitación cada vez es más ancha y ya no sé nada. 

Ya no sé si siento. Quizá sí siento, dos veces he sentido hoy. Y dos veces he muerto en vida, allá a lo lejos, velando por ti. Es una de esas cosas que me prometí. Sigo mirándote. Sigo... Sigo. Respetando el sufrir que se me ha impuesto por amar. Y sigo. Como dije, nunca nadie pudo. Absolutamente nada ha conseguido derrotarme y por muy muy cerca que esté del suelo, algo más allá tira de mí y me hace erguirme. Doy a Dios gracias por darme a mi ángel de la guarda.

Comentarios

  1. "Respetando el sufrir que se me ha impuesto por amar" Es el amor, ángel terrible, que nombraba Cernuda que toca con gracia aérea a sus protegidos.¡Ay, de los corazones sensibles! Para ellos "no hay respuestas" sólo un dolor en los centros, la espina de una pasión que no se debe lograr arrancar, sentirás el corazón.

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  2. Sabe bien que, aunque estemos muertos de dolor, hay algo que nos da la energía justa para seguir con nuestras actividades cotidianas, que sentimos que nos vamos a romper con un soplo de aire, pero que seguimos rectos a lo largo del día. Como los juncos: sentimos que nos doblan, que nos doblan y, aunque nos lo parezca, no nos rompemos.

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