Nueve rosas.

Te regalo hoy estas líneas para decirte cosas que ya sabes. Y te las regalo, porque si las ves son acompañadas de las nueve rosas que nos unen, esos nueve instantes que generaciones posteriores venerarán y tendrán como ejemplo e inspiración, esos nueve momentos que nos hicieron uno.

Empiezo esto con una especie de ciclón de pensamientos, entre los que sobresalen esas dos palabras tan poco dichas de buena manera: te quiero. Podría decirse que soy el máximo exponente de la confusión, pero no sería cierto si entre toda esta maraña de ideas, sé que te quiero. Nunca he tenido nada más claro, nunca ha sido más evidente a esto que llaman razonamiento, que te quiero. Bonita paradoja. Tras nueve rosas más observándote desde lejos, como un vil obseso, sé que te quiero.

¿Recuerdas allá, a finales de marzo, cuando te salvaron de un más que posible atropello? Fui yo, camuflado tras aquella gabardina oscura y sin mi colonia habitual. ¿Recuerdas aquel día que en tu perfumería no quedaban existencias? Yo robé la tienda para tener al menos tu aroma. Pero qué distinto es si no está unido a tu pelo y los movimientos de tu cuello. ¿Recuerdas aquel periodista que te preguntaba por tus sueños? Era un jornalero a mi servicio que hizo bien su trabajo, se acercó a ti y me demostró que eras feliz.

No me importó saber que eras feliz sin mí. Solo me importó saber que lo eras. No me dolió, no sentí nada. Ni siquiera cuando comprobé tu affaire con el futbolista. Pero hoy, hoy que me marcho, que lo he vendido todo y nada más que tú me ata a esta ciudad, te envío las rosas y mi alma. Porque hoy sí me importa que no me quieras, hoy sí me importa que ya no quieras verme, hoy sí me importan nueve rosas que perdí lejos de ti. Hoy me importa, y hoy reto por última vez al destino. Hoy, a las doce. En la fuente. Te esperará nueve horas la única persona que siempre te amó.

Comentarios

  1. Nunca, en la vida de toda persona, hay una sola persona que ame; aunque siempre es a una sola persona a la que se ve. El resto son sombras enamoradas.

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  2. serías una buena discípula de Empédocles, aquel que decía que;

    mezcladas surgen las cosas, separadas, perecen.

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  3. Fríamente creo que a este hombre lo que más le convendría sería dejar de espiar y deesperar, pero a ver quién es el guapo que abandona en su lugar...

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