Señoritas de burdel.

Muerta su mujer, se convirtió en un pendenciero, en un infame, un innombrable, un deshonrado. En menos de seis meses perdió todas sus amistades; a las diez de la mañana, fiel a su sillón del bar, con tres vasos de whisky como mejor compañía. Y, a menos de tres zancadas, el burdel. Seguía siempre la misma rutina: observaba senos, curvas, bailes sucios de señoritas más sucias aún, y figuras cubiertas de cien tipos de babas distintos. Hacía de catador de novedades, y elegía. Se bebía lo prohibido en una orgía de putas sin higiene ninguna, tres veces al día. Nadaba entre cuerpos vacíos de contenido, entre cabezas con pelucas incapaces de hilar dos míseras palabras, más que dinero, hacer, y quieras. De todas ellas, la reina, la más bizca y la más calva, fue su perdición en todos los sentidos. Con ella experimentaba los extremos del desprecio, a ella tocaba rozando el límite de la repugnancia, entre sábanas y colchones con más de cien polvos a la espalda. Tanto se abandonó dentro de ella -siempre en recuerdo de su mujer-, de tantos fluidos la inundó y tantas veces, que le contagió la sífilis... ah, y murió. Murió loco, demente, por un segundo de placer barato. Él, que solo había amado una vez y despreciaba a las mujeres, objeto tan solo de lujuria y descarga, murió. Y ella rió, porque, aunque no se había llevado su corazón, había logrado que dejara de latir, como última venganza.

Está enterrado al lado de su mujer. Yo he visto los cuerpos, y la silueta de ella, enhiesta, le da la espalda al resto. Él, encogido y lloroso, tiene tiempo: toda la eternidad.

Comentarios

  1. me encanta esa forma de relatarlo
    es como insultar pero con estilo!
    aunque el tío debía ser un mujeriego de escándalo...
    ...tan mal acabo?

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  2. Yo estoy a la espera de que me publiquen mi segundo libro, tú deberías empezar en ''el mundillo'' si no lo has hecho ya.

    Eres impresionante, enhorabuena.

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  3. no fui yo noe, 100% seguro

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  4. Sí, mujeriego es como se denominan a los putos. Nos llaman Donjuanes, cuando en esos momentos somos en realidad una puta más en esa orgía que describes, igual de miserable y además pagando, eyaculando mecánicamente una y otra vez buscando un placer emocional en lo físico que, por supuesto, nunca llega.
    Y al final a quien tenía que pagar de verdad era a la única mujer que le importaba, a un precio que nunca conseguiría vencer.
    ¡Olé, Noe!

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