Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2010

Va siendo hora de...

- ¿Alguna vez has visto a esos magos del yoyó que hacen virguerías? ¡Que sí! Que se lo ponen en el hombro, y lo bailan, con elegancia. Ay, cómo me gustaría saber hacer virguerías... - Llevan años entrenando. - ¿Años? Vaya, qué desilusión... yo no tengo años. ¡No tengo ni un día!
Nadie tiene nunca el tiempo suficiente para ser feliz. Y menos, para aprender a serlo. Va siendo hora de cambiar algo esto, ¿no? Digo, vamos. Para no ser una puta generación de gilipollas.

Muñecas y señores.

Imagen
Querida nada:
Creo, no he cometido nunca ningún hecho que pueda asociarse a un error. Es por esto ruego me disculpe si me tomo la licencia de ser directo, franco o simplemente, natural, en el transcurso de este texto.
Me agota el tedio del tiempo, la opacidad de las ideas que se filtran escasas por mis ojos, y se vuelven utopía entre mis labios. Me arranca un atisbo de furia y una gran parte de angustia saber de mis obligaciones y no querer cumplir ninguna, por banales, por inútiles. Se me arruga la nariz al comprobar el cariz de mi desorden y recordar la raíz de esta desdicha, esta liviana maldición que a menudo se me antoja horrible. Lo confieso: me resulta, cuanto menos, mordaz, el mero hecho de observarla en la ventana. Su voluntaria arrogancia ha convertido la idealización de su ser en una farsa -farsa que ya era-, en una burda broma que, sin embargo, representa para usted un compromiso vacuo, a pesar de la promesa que me hizo. Prefiero pensar que usted no lo recuerda, mas a veces…

Eleven. [pronuncien a la inglesa, por favor]

- Oye, que me largo.
- ¿Cómo que te largas?
- Que sí, que sí, que me largo. Y me da igual lo que me digas, ¡he dicho!
- ¿Que te da igual lo que diga?
- ¡Sí! Así que no intentes convencerme de que me quede.
- Yo no voy a decirte nada.
- ¿Ves? Ya lo estás volviendo a hacer.
- ¿El qué?
- Dejar que te amenace con huir, provocando que me sienta culpable por ello.
- ¿Crees que debes sentirte culpable?
- No empieces con tu relativismo y tus mierdas esas, ¡que te he dicho que me largo!
- Solo sentía curiosidad por saber si te sentías culpable.
- ¿Curiosidad? ¿Curiosidad? ¡Valiente eres! Pero si tú no has sentido curiosidad por mí en tu puta vida, lo único que has querido ha sido un hombro donde llorar.
- Yo jamás lloré delante de ti.
- ¡Ya estás con esa sarta de bobadas! Pero, ¿y qué más da? Me querías para lo que me querías.
- ¿Para qué te quería?
- Que no me líes, que no me líes, que me agobias.
- ¿Y por eso dices que te vas?
- ¡No!
- ¿No te vas?
- Que sí, he dicho. Pero no me voy por eso.