Eleven. [pronuncien a la inglesa, por favor]

- Oye, que me largo.
- ¿Cómo que te largas?
- Que sí, que sí, que me largo. Y me da igual lo que me digas, ¡he dicho!
- ¿Que te da igual lo que diga?
- ¡Sí! Así que no intentes convencerme de que me quede.
- Yo no voy a decirte nada.
- ¿Ves? Ya lo estás volviendo a hacer.
- ¿El qué?
- Dejar que te amenace con huir, provocando que me sienta culpable por ello.
- ¿Crees que debes sentirte culpable?
- No empieces con tu relativismo y tus mierdas esas, ¡que te he dicho que me largo!
- Solo sentía curiosidad por saber si te sentías culpable.
- ¿Curiosidad? ¿Curiosidad? ¡Valiente eres! Pero si tú no has sentido curiosidad por mí en tu puta vida, lo único que has querido ha sido un hombro donde llorar.
- Yo jamás lloré delante de ti.
- ¡Ya estás con esa sarta de bobadas! Pero, ¿y qué más da? Me querías para lo que me querías.
- ¿Para qué te quería?
- Que no me líes, que no me líes, que me agobias.
- ¿Y por eso dices que te vas?
- ¡No!
- ¿No te vas?
- Que sí, he dicho. Pero no me voy por eso.
- ¿Y por qué te vas?
- ¡A ti qué te importa!
- Ya te lo he dicho, siento curiosidad.
- Y dale con la maldita curiosidad. Serás imbécil, ¡egoísta! Te has aprovechado de mí tanto como has querido, y yo he caído siempre, como un perro agacha la cabeza, estúpido.
- ¿Y me culpas a mí?
- ¡Claro! Tú tienes la culpa ¿quién sino?
- ¿La culpa de qué?
- ¡De que me vaya!
- Pero si decías que no te ibas.
- ¿Que decía qué? Mira, deja de engañarme, he dicho que me voy, y punto.
- ¿Y a dónde?
- ¡Al infierno!
- ¿Allí hay visitas?
- No, y aunque las hubiera, tampoco las querría.
- ¿Ni siquiera piensas que me echarás de menos? ¿Que te echaré de menos?
- No me importa lo que pienses.
- Entonces, ¿por qué me cuentas que te vas?
- Porque quiero que lo sepas.
- ¿Para qué?
- Para que puedas recordar toda tu vida que me perdiste.
- Tú nunca fuiste una posesión mía, ni yo tuya. Fuimos dos encontrados en un momento de su vida. Y ahora, por lo visto, se termina. Fue bonito.
-¿Bonito?
- Sí, bonito, espectacular, increíble, inenarrable.
- ¿Te enorgulleces?
- Se podría decir, sí.
-... Vale, tú ganas. Me quedo.

Mis disculpas si alguien en algún momento se ha sentido molesto por mi falta de continuidad. He de confesar, queridos y sentidos, que mi tardanza en hacer acto de presencia no se debe ni a falta de tiempo ni a una pereza incontrolable, sino, simplemente, a ausencia de necesidad. Espero que disfruten, y si no, ¡que me lo cuenten igualmente!

Comentarios

  1. Ahí se ve para lo que sirve la rabia incontrolada: para perder (añadiendo las palabras mágicas que, sin necesidad de ser un gran discurso, dan la vuelta a la tortilla tan suavemente que uno apenas se da cuenta).
    Lo que no entiendo es el título. Si me pudieras decir a qué se debe...

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  2. Jajajaja :)
    Es un tributo al número 11, que ese día cobró una importancia especial.

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  3. Creo que no podemos evitar meter ciertas puntas personales, por eso nos fabricamos historias y situaciones.
    El director de "Amélie", Jean-Pierre Jeunet, dijo una vez que (en su caso) una película es algo absolutamente egoísta, porque uno la hace a su propio gusto.
    Incluso voy a decirte que esta conversación que has expuesto yo mismo la he tenido más de una vez, y por eso me ha sorprendido tanto. Sigue así, ¡CAMPEONA!

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  4. Y lo interesante que es, qué? :) Amélie... va siendo hora de volver a verla, desde luego. Gracias por recordármelo, y gracias por todo lo demás, Azul.

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  5. A ti, bombila humana. No olvides "Secretos de un matrimonio" (te recomiendo la versión original, el doblaje es un poco chungueiro).

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