Muñecas y señores.

Querida nada:

Creo, no he cometido nunca ningún hecho que pueda asociarse a un error. Es por esto ruego me disculpe si me tomo la licencia de ser directo, franco o simplemente, natural, en el transcurso de este texto.

Me agota el tedio del tiempo, la opacidad de las ideas que se filtran escasas por mis ojos, y se vuelven utopía entre mis labios. Me arranca un atisbo de furia y una gran parte de angustia saber de mis obligaciones y no querer cumplir ninguna, por banales, por inútiles. Se me arruga la nariz al comprobar el cariz de mi desorden y recordar la raíz de esta desdicha, esta liviana maldición que a menudo se me antoja horrible. Lo confieso: me resulta, cuanto menos, mordaz, el mero hecho de observarla en la ventana. Su voluntaria arrogancia ha convertido la idealización de su ser en una farsa -farsa que ya era-, en una burda broma que, sin embargo, representa para usted un compromiso vacuo, a pesar de la promesa que me hizo. Prefiero pensar que usted no lo recuerda, mas a veces interpreto en sus ademanes escépticos y su sonrisa irónica una pincelada de consciencia, un reflejo de sueños -sombríos en su mente, irrealizables en la mía-.

Ay, querida nada. ¿Qué es lo que te he dicho? ¡Nada! El sol en tus pestañas tiñe la porcelana de tu rostro. ¿De veras no lo recuerdas? ¡Lo prometiste! ¿El qué? ¡Estúpida! Has dado a traste con todos mis sueños. Jamás amanecerás verdadera.


Comentarios

  1. Intuyo por dónde va, pero no acabo de entender de quién a quién/qué va dirigido. ¿Me lo explicas?

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  2. Eso te lo dejo para ti. Puede ser todo, o puede ser nada. Mmmm y por cierto, me interesa especialmente que comentes la última, en cuanto la veas, si gustas :)

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