Somos la generación del cambio.

Hace tiempo me preguntaron qué somos. En torno a mi edad, dos años más, pero no dos años menos. Yo respondí: somos la generación del cambio. Somos aquellos que, es cierto, tendremos que enfrentarnos a un mundo terrible al acabar la Universidad, tendremos que acabar con esta crisis e inventar una manera para sostenener el sistema de pensiones. Tendremos que ingeniárnoslas, y rápido, para producir energía limpia que vaya quitándole el polvo al CO2 mientras le hace la cama a la falta de agua potable, y deberemos crear la suficiente cantidad de alimentos para liquidar el hambre en el mundo, como objetivo prioritario. Deberemos proteger el futuro de nuestros hijos y desintoxicar a nuestros mayores de los antidepresivos que el estimado Dr. Don Nadie les recetó, porque habían decidido egoístamente ignorar al instinto de supervivencia.

Deberemos hacer tantas y tantas cosas, que me aburre enumerarlas. Cuando la respuesta a todo lo que deberíamos hacer es: cultura. Hay algún ignorante (bien llamado), que entiende esta palabra con letras, con idiomas o con esa asignatura tan estúpida que le obligaba a memorizar nombres sin relación ninguna (algún día expicaré por qué, desde mi humilde opinión, es una pérdida de tiempo estudiar Literatura como un puto loro). Ese bien llamado ignorante quizá debiera investigar un poco y comprender que cultura no es sino saber. Saber de todas las ciencias. De todas. Solo aquellos mínimamente formados en ciertos y cientos de aspectos podrán hacerle justicia a esa generación del cambio, a esa voluntad de juventud, con cierta experiencia no muy cierta, esa voluntad de ser.

Pero qué maravilloso es conocerse a uno mismo, y qué maravilloso comprender que el ser humano es una máquina perfecta, que debe redescubrirse a sí mismo en el plano mental para poder seguir evolucionando, alcanzando su máximo desarrollo: haciendo que su vida merezca la pena. Ya sea tirándose con una bici desde una montaña, buceando entre tiburones blancos, probando miles de montañas rusas, descubriendo la vacuna definitiva contra el cáncer o la energía del futuro, haz que tu vida merezca la pena. Y tu vida merecerá la pena para ti, no tienes que hacer historia. Vale con que seas feliz.

Somos la generación del cambio porque poseemos esa sensibilidad. Quizá es que yo soy demasiado egocéntrica y en realidad esta cordura viene más o menos a esta edad, pero le restaría magia al asunto y además, hay adultos que no maduran nunca. Poseemos ese hormigueo de curiosidad, ese impulso innato que nos pide conocer. Obviamente, hay quien lo desarrolla, y quien no lo desarrolla. No pasa nada, mientras siendo así, seas de veras feliz. De veras. Lo único, es que si yo sé que no me esfuerzo al máximo, no puedo ser feliz. Pero si alguna vez te sentiste interesado por algo que se aleje un ápice de la vulgaridad y la superficialidad, entonces, has encendido la primera vela. Los hay que tienen un todo a cien entero prendido, ahí, dándoles coba.

¡Regálate el placer de conocer! De sentir curiosidad por algo, de buscar la información, y aprender. Y si tienes la inmensa suerte de que lo que te pica no está inventado, entonces, enhorabuena: tienes un libro en blanco para ti. Pero ahora no seas estúpido y te quedes tiritando de miedo porque no sabes cómo empezar o puedes salir con un par de rasguños en el orgullo. Edison encontró antes de la bombilla, 200 maneras de NO hacerla. O vamos, eso dice la leyenda, que, si no fuera verdad, serviría para lo mismo. Pero entrégate. No necesariamente tiene que ser algo científico o humano; en realidad esta división es absurda y heredada desde allá por la Edad Antigua, recuperada en el Renacimiento. Aunque bueno, los antiguos no eran tan tontos y obligaban a conocer un poco de todo, pero bien conocido. He aquí la realidad: el poder y el dinero nos han hecho involucionar, hasta ser unos despojos con la mayor cantidad de información a nuestro alcance y la mayor arrogancia para despreciarla, toda.

Somos la generación del cambio. Tenemos en nuestras manos el poder de movernos y la energía para hacerlo. Y rápido y pronto, que hacerse adulto no es más que abandonar las ilusiones de la juventud. No envejezcas sabiendo que pudiste cambiar algo que no te gustaba, o que creías que estaba mal, no envejezcas sabiendo que pudiste hacer feliz a alguien y que te costaba un par de tardes, y no lo hiciste. No envejezcas sin haber escuchado la canción de tu vida, esa que no se elige. No envejezcas sin amar, sin creer, sin crecer, sin aprender. Y si no te importa absolutamente nada además de mantener una postura perezosa, entonces, acéptalo, al menos. Eres un mediocre.


Me has pillao. Me apasiona Darwin.

Comentarios

  1. Já! saber de todo dice... se puede intentar... pero no conseguir, somos demasiado pequeños para conocer tantas cosas... y tan grandes para conocer otras tantas...

    Eso si.... se feliz y conocerás algo importantisimo.

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  2. Solo un poquito... para mirar de reojo la ignorancia y no tan directamente... porfa!

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  3. Mente abierta se llama. Pero actualmente la educación está dirigida a memorizar como loros, no incentivan a aquellos que quieren saber de verdad.
    Pero la clave esta en la voluntad, podemos huir de la mediocridad, (me acabo de recordar a Nietzsche)

    Saludos

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  4. Yo también me recordaba a Nietzsche mientras lo escribía... la clave somos nosotros.

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