Caramelos.

Se miró las manos con expresión desolada. Había perdido todos sus caramelos. Como aquel adulto, que había perdido toda su franqueza, su objetividad y su valentía. Quizá no lo había perdido, y solo estaba oculto entre pesares y recuerdos increíblemente destructivos.

Había tardado más de un año en conseguir todos aquellos caramelos. Había ahorrado toda su paga, y había invertido todas las monedas del cepillo de la iglesia que había encontrado de manera casual, aun a riesgo de que le acusaran no tan injustamente de ladronzuelo. Había actuado a través de la línea que divide la moralidad y la legalidad, y siempre había procurado alimentar su sueño: conseguir aquellos caramelos. Muchas veces, lograba dar pequeños pasos a través de buenas acciones obviamente interesadas, y muchas veces se sentía muy satisfecho con el resultado. En definitiva, a lo largo de ese año había llegado a ser feliz en el camino de conseguir su sueño y de anotar sus experiencias. Pero, ahora, había perdido todos sus caramelos.

Quizá la solución esté en no perderse.

Comentarios

  1. Esto me recuerda al texto del trocito de tela, esta es la parte del deshile. ¿Me equivoco? Si no, me gustaría que me lo explicaras.

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  2. es cierto, Azul. siento no haberte contestado antes, no vi el comentario!

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  3. Tranquila, yo también tardo mucho a veces. Pero siempre vuelvo por aquí; desde hace un tiempo para acá tu literatura es una de mis vías de escape favoritas.
    Gracias, bombilla.

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