El poeta de Hölderlin.

Jugaba delicadamente con los acordes entre sus dedos. Las letras, con un brillo serpenteante, se deslizaban con gracia y frescura por su cuerpo, como tatuajes vivos que revitalizaban su intelecto. Desnuda, con una pureza inmaculada, se encontraba en una especie de nada blanca desde donde veía, en una dimensión elevada, cada una de las situaciones determinadas por la naturaleza que afectaban a las relaciones humanas de los que alguna vez fueron sus congéneres.

Desde aquella altura comprendía y veía lo que otros no veían, sus lágrimas tristes se alternaban con pícaras sonrisas del que observa un cortejo ritual, con las miradas y el rubor en las mejillas de los que saben el final de antemano. Lo sabía todo, sin una necesidad expresa de haberlo leído o vivido antes, lo sabía todo. Su sensibilidad extrema hacía de ella una persona completamente distinta a todo lo que cualquiera hubiera podido conocer.

Ella lo sabía desde que conoció a malditos y románticos.

Comentarios

  1. Qué condensación, da la impresión de que esa persona (de la que al principio he asumido que es mujer sin darme cuenta de que no se especifica, supongo que a otros también les pasará al leer esto) lo controla todo sin pulsar ningún botón. Creí que hablabas de Dios o algo así...

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