La soberbia.

Mira por la rendija de la puerta antes de hacer su gran aparición, tratando de asegurarse una entrada triunfal que en el fondo todos creen esperar y nadie quiere de verdad. Se atusa el pelo, se relame los labios, respira hondo y se siente segura, poderosa, soberbia. Empuja con fuerza calculada y cada ser presente se gira, buscando ese halo de envidiada grandiosidad que parece cubrir con delicadeza cada uno de sus movimientos. Se acerca hasta el centro de la sala, y mira en derredor, satisfecha con su efecto.

Sin embargo, hay un rincón un poco más oscuro en su imagen. En aquella esquina, alguien sonríe astutamente, y no de felicidad. Eso la incomoda. Su cerebro emite señales de alarma en búsqueda de una estrategia que su mente concreta lentamente, con dificultad. Las situaciones adversas nunca han sido su fuerte, solo le salva una cierta habilidad social y unas dotes de actriz mediocre que enmascaran sus acciones.

Quien la mira, es alguien superior.

Podría enumerar infinidad de mujeres y algún que otro hombre menos protagonistas de esta historia.

Comentarios

  1. Qué contradictoria es esa gran zorra; cuando camina a tu lado te hace olvidar que siempre va a haber alguien mejor que tú, antes o después.
    A parte que te despista muchas veces, porque creo que la mitad de las ocasiones dolorosas por amor, uno se da cuenta con el tiempo que lo que duele en realidad es el orgullo, y mucho.

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