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Mostrando entradas de septiembre, 2010

Hoy.

Hoy está nublado, pero no importa. Me calzo las botas y me pongo una sonrisa. La calle está medio muerta, con gente que tiene frío y gente con abrigo. Tampoco importa. El sol va a salir para mí, lo sé.
Le regalo un guiño al muchachito bien vestido con una piruleta embadurnando su cara, no puedo menos, se lo merece. Conserva en su mirada cada brillo de una esencia inocente y pura, aunque hay quien diría que al tiempo derivará en tiranía. No me importa.
Me viene a la cabeza esa canción y sus acordes, sus corcheas y sus blancas, no puedo parar de bailar. Ahí, frente a todos, ¡muéranse de envidia! Yo soy quien guarda en cada esquinita del corazón las mil y un maneras de ser feliz. No importa que llueva, ni que otros estén tristes, ni los errores que cometí una y otra vez. Solo importa que suena mi canción y que es el mayor de los placeres, más extraordinario aún que el sexo, pero menos que las caricias abrazados en la cama. Y no olvides nunca que nuestros cuerpos morirán, y quedará nuestro …

Máximas.

Quisiera entregar a sus oídos cada acorde de la más bella sinfonía, pero, perdóneme, no puedo si usted está dormida. Aun cuando oyera, no escucharía, y las palabras seguro quedarían vacías, vacías.[...] Las palabras que nacen del corazón deben anidar en la cabeza, solo si se convierten en idea y esa idea arraiga, volviéndose sueño, serán un día verdad.[...]Has de saber, compañero, que cada día que pasa es un día más cercano a tu muerte, y esto es un hecho que nunca podrás cambiar. Mas si duplicas cada día los segundos que disfrutas, tu vida será diez veces más larga.


Y es que cuánto siento que saber no implique siempre conocer. Los errores que cometemos los cometerán otros. La madre experiencia es madre del dolor.

La afortunada historia de Liliana Hiedra: That's entertaiment.

"Sí, bueno, dicen que cuando todo es perfecto es porque va a ir a peor. A mí, sinceramente, no me importa. Tengo cigarrillos, una pensión de mierda y un curro que me hace vomitar de vez en cuando. Es curioso, nadie dice que cuando todo va mal, es porque va a ir a mejor. Nunca es así.
El otro día me crucé con mi viejo casero. Le debo tres meses de alquiler. Juro que no había corrido tanto en toda mi vida. Lo mejor de todo, es que terminé con una puta detrás de un contenedor. Poco a poco llego a la conclusión de que soy un pendenciero mediocre, que no llego a medio donjuán y que, además, por cada cigarro que fumo me salen más puntos negros en el pulmón. Puto alquitrán. Puto casero. Puta... puta.
No entiendo por qué nadie me cree cuando digo de dónde vengo, ni quién soy. Nadie puede entender que elegí ser un despojo por voluntad propia, un proscrito -¿un desertor?- de las altas esferas. Tanta opulencia, tanta superficialidad y tanto billete negro pintao de verde. Asco y vergüenza debe…