Hoy.

Hoy está nublado, pero no importa. Me calzo las botas y me pongo una sonrisa. La calle está medio muerta, con gente que tiene frío y gente con abrigo. Tampoco importa. El sol va a salir para mí, lo sé.

Le regalo un guiño al muchachito bien vestido con una piruleta embadurnando su cara, no puedo menos, se lo merece. Conserva en su mirada cada brillo de una esencia inocente y pura, aunque hay quien diría que al tiempo derivará en tiranía. No me importa.

Me viene a la cabeza esa canción y sus acordes, sus corcheas y sus blancas, no puedo parar de bailar. Ahí, frente a todos, ¡muéranse de envidia! Yo soy quien guarda en cada esquinita del corazón las mil y un maneras de ser feliz. No importa que llueva, ni que otros estén tristes, ni los errores que cometí una y otra vez. Solo importa que suena mi canción y que es el mayor de los placeres, más extraordinario aún que el sexo, pero menos que las caricias abrazados en la cama. Y no olvides nunca que nuestros cuerpos morirán, y quedará nuestro recuerdo.

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