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Mostrando entradas de octubre, 2010

Hoy.

Una sola voz que diga: no te avergüences. ¿Qué posibilidades hay de que un sin-vergüenza la sienta? También la llaman "falta de coraje".

Hoy.

Hoy, tengo un sueño: vivir de lo que yo quiera escribir. Es un sueño.

Feliz cumpleaños.

Era el ebanista más diestro de la zona, y era una amplia zona. Le gustaba la música lenta cuando trabajaba, y odiaba los ruidos estridentes. Amaba ser un solitario y, por supuesto, odiaba la soledad. Sus manos eran tan hábiles que parecía, al rozar la materia, que ésta se transformara sola. Mantuvo entre sus dedos la pequeña figura de madera. Pensó que la vida era corta.
Miró la talla con ojo experto, buscando alguna debilidad en el trabajo. Satisfecho, concluyó con un soplido tierno, e hizo levitar las virutas de serrín que reposaban relajadas. Faltaba solo una caricia con la lija, y un buen barnizado. Era posible que encontrara alguna falta en su obra, pero nada sin arreglo. Aún así, tampoco estaba terminada, y un buen artesano no descansa hasta cumplir con su oficio completamente. Volvió a ponerse manos a la obra, y recordó sus tiempos de aprendiz.
Sonrió. Las arrugas marcaron su rostro curtido y moreno, la barba de horas salpicaba graciosa su barbilla. Respiró, y se entretuvo en soñ…

Aria.

Atravesé la puerta desconchada, y entré en aquella especie de tienducha. Tosí, y mis ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse a la penunmbra. las paredes, llenas de estanterías con los ejemplares más dispares, las cubiertas más desgastadas o más coloridas, más desvaídas, más curtidas. Una figura encorvada, perceptible por su movimiento, allá en un rincón de la derecha, me habló.
- ¿Qué deseas? - Solo... buscaba a Don Ramiro. - ¿Quién pregunta por ese tal Don Ramiro? - Mi nombre es Aria.  - Curioso nombre. - Me lo dicen a menudo. - Seguro que no por mis razones.
Eso me descolocó. No me gustan las cosas que no puedo controlar. No me gusta que me tomen por tonta. Y me gusta que me den explicaciones.
- ¿Por qué? - Niña, esto no es una biblioteca. - Cualquiera lo diría. - ¡No me desafíes!
Paré. Me estaba pasando. No puedo evitarlo, es esa pasión que me embarga de vez en cuando, y me nubla los sentidos. Tragué saliva.
- Busco a Don Ramiro. - Don Ramiro no te busca a ti. - Traigo una carta de la señora …

Y, sin embargo, hoy.

Vive un puto huracán. Muerde, bufa, araña, jode, grita. Así una y otra vez. Pasa los días contando estrellas apagadas y nadie le dice la verdad. ¿Para qué? Es más cómodo vivir una mentira, más sencillo, más práctico; la verdad siempre ha hecho más daño. Y, sin embargo, hoy, se planta, y llega a la conclusión de que hay ciertos momentos en que hubiera preferido vivir una mentira. Pero no se arrepiente, y sabe que todos pretenden engañarle.
Conforme más cartas escribe y quema, más arrugas le salen en la frente. A todos inspira compasión, a las divas de los suburbios y a los mendigos con corbata. Y, sin embargo, hoy, se ríe, porque es un genio. Sabe que de cada trazo de su pluma sale el texto más bello, las palabras exactas y eternas, que siempre alguien translúcido entenderá como él. Por eso, no le importa. Su nombre, pasará a la historia. Pobres mediocres.
Siempre se levanta a las 7:27, le gusta dormitar tres minutos más; en estado de duermevela se le ocurren las mejores ideas. Luego, nu…

Hoy.

Hay cosas que cambiar.