Aria.

Atravesé la puerta desconchada, y entré en aquella especie de tienducha. Tosí, y mis ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse a la penunmbra. las paredes, llenas de estanterías con los ejemplares más dispares, las cubiertas más desgastadas o más coloridas, más desvaídas, más curtidas. Una figura encorvada, perceptible por su movimiento, allá en un rincón de la derecha, me habló.

- ¿Qué deseas?
- Solo... buscaba a Don Ramiro.
- ¿Quién pregunta por ese tal Don Ramiro?
- Mi nombre es Aria. 
- Curioso nombre.
- Me lo dicen a menudo.
- Seguro que no por mis razones.

Eso me descolocó. No me gustan las cosas que no puedo controlar. No me gusta que me tomen por tonta. Y me gusta que me den explicaciones.

- ¿Por qué?
- Niña, esto no es una biblioteca.
- Cualquiera lo diría.
- ¡No me desafíes!

Paré. Me estaba pasando. No puedo evitarlo, es esa pasión que me embarga de vez en cuando, y me nubla los sentidos. Tragué saliva.

- Busco a Don Ramiro.
- Don Ramiro no te busca a ti.
- Traigo una carta de la señora de Cadielles.
- ... Pasa.

Se acercó a mí, me asustaba. Las cejas prominentes, una calva de piel albina y un traje arrugado con una camisa amarillenta, le hacían la cama al ambiente. Me agarró del brazo; para ser un hombre tan menudo tenía demasiada fuerza. Los ojos le brillaban extraños.

Me llevó a empujones detrás del mostrador, y me hizo atravesar una cortina demasiado tupida y falta de limpieza. Volví a toser.

-Cállate-. Bufó.

Una vez dentro de una sala aún más pequeña que la propia tienda, con solo una mesa camilla y un par de sillones raídos, encendió un interruptor, y todo cambió. Las sombras no eran tan siniestras y sus rasgos parecían más cálidos. Me susurró.

- Dame la carta.

La leyó y la releyó varias veces, alternando miradas dubitativas hacia mí, y hacia el papel. Se relamió los labios, debló el papel y sopló al aire viciado de la estancia. Comenzó:

-Todas esas motas de polvo que ves, proceden cada una de un origen distinto. Diferente madre, diferente padre, diferente país, diferente sexo, diferente raza. Diferentes libros. Diferentes escritores. Por si no lo sabes, te lo digo: tú, eres de esos diferentes.

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