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Mostrando entradas de noviembre, 2010

Avellaneda,

Supongo que tienes razón. En realidad, sabemos y sé que la tienes. Siempre pensé que aquellos que tienen un sueño y lo esnifan intangible, esnifan aire. Me gustaría cumplir un sueño, ¿por qué no? Sabes que escribo esto para recordármelo de aquí a un tiempo.
Es curioso cómo nacen los sueños. Muchas veces nacen como sonrisas tímidas cuando la casualidad -ésa que no existe- se encuentra contigo, y te deja temblando. Muchas veces no nacen en ti y nacen en otros, y se confunden sus sueños con los tuyos propios. Pocas veces son sueños infantiles que acaban siendo realidad.
En mi caso, no puedo huir de mis sueños, al menos no eternamente. Al final, me atraparán, y quién sabe si mientras, habré vivido pesadillas.

Había de hacerlo.

Imagen
Olió el hielo suspendido en el aire. Le gustaba el frío. Le gustaba tener un buen libro cerca, unos calcetines en condiciones y una manta sobre las piernas. Leer a la luz de una lámpara pequeña y empaparse del olor a madera quemada.
Ahora no había libro, ni calcetines, ni manta, ni madera quemada. No quedaba nada más que su silueta y un barquito de papel entre sus dedos, que se mecía un tanto con la brisa helada del lugar. Había de hacerlo.
Se quitó la bufanda, la chaqueta, la camisa, el cinturón, los pantalones y las botas. Se desnudó completamente y pisó la nieve, que quemaba. Y, lo hizo. Se suicidó.