Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2010

Los hombres.

Imagen
La noche aguda clava sus silencios en los troncos de los árboles serenos, y acaricia el perfil de los caídos. El recuerdo de una luz sesga la negrura de la luna nueva. Un esplendor despeja los sueños ligeros de los campesinos seguros y sentidos. Unos oyen los sollozos, otros huelen la pureza. Los ignorantes ignoran lo que sienten.
Una figura sin sexo yace suspendida en el aire, con un deje de serenidad doliente, dormida. Pequeñas pizcas de un alma, de sabor dulce y metálico, color rojo batalla, se deslizan por su rostro, y terminan por caer, mansas y ajenas. Al menos treinta entes perciben un nuevo destino, de cuyo reclamo pretenden huir incapaces. Avanzan con la lentitud del miedo arraigado en una mano, y el clamor del suicidio en la otra. Aquellos troncos los observan conscientes. Los hombres contemplan la particularidad de la divinidad real sin comprenderla, de acuerdo a su naturaleza. Por cada lágrima caída, el firme brilla para siempre.
Una venda cubre los ojos de la maravilla, tes…

-

Permítanme una ausencia moderada. No dejaré de escribir, sino de publicar por un tiempo, aunque no sé cuánto. Es hora de embarcarse en proyectos mayores, deseadme suerte, por favor. Feliz Navidad.

Nápraxis.

Guarda tus mejores intenciones en el corazón y deja que impulsen tu vida. Ama, vive, muere.

Y dime.

Y dime, ¿qué tienen tus manos de especiales para poder darle algo al mundo?

A veces también son pesadillas.

¿Quién se guarda los acordes de una lágrima? ¿Es el mismo que ahoga un grito de auxilio cuando todos duermen? ¿Quién no puede susurrar que ansía una paz eterna y clara? ¿Quién ignora la agudeza de una daga atravesando un corazón? ¿Quién se resigna a dar palos de ciego en un camino hacia el este?
Nadie queda con honor en esta tierra, nadie lucha por consumir el sufrimiento insano de gente cuerda en su propia piel. Nadie queda que busque en los libros un amor desencantado, nadie queda que se enamore de un hombre inexistente definido en los trazos sabios de una pluma. Nadie queda que llore o ría al leer.

Tres años.

Esa mujer tenía una belleza tan serena, que no sé cómo describírosla. Tan pulcra, tan correcta. La veía siempre en el mismo lugar, era casi una leyenda en la sala de espera de la terminal. Un día, su novio dijo que volvería en el último vuelo de la mañana. Desde entonces, ahí estaba, sin perder la fe ni la calma.
Mucha gente le preguntaba, mucha gente no recibía respuesta. No solía hablar. Ni siquiera se levantaba para ir al baño o pasear, esperaba sentada en la butaca que lleva su nombre, alguien lo grabó. No sé cómo se enteró. Su única compañía era un colgante que brillaba especialmente, o quizá eso creía yo. Quizá eso creía todo el género masculino. Incluso hubo algún galán de barrio que pretendió cortejarla. Ilusos... ¡ilusa la gente!
El otro día me miró. Tampoco solía mirar a nadie especial. La sonreí, torció los labios. Había un periódico colocado cuidadosamente en la butaca contigua, apuntando en su dirección. En primera plana: "Se cumplen 3 años del accidente de avión en el…

-

Todo se mueve rápido, veo sombras negras diáfanas. Huyo en un escenario que me resulta familiar, las calles, las plazas, es como si todo lo hubiera visto antes, y sin embargo, nunca he estado allí. Me cruzo con personas que conozco, que me hablan, que me dicen, a veces se repiten. Hay gente que no conozco. Parte de mi familia me espera lejos, al final. Se hace de día de repente y todos parecen más sombríos.
El paisaje tiene más de diez años. Nada cambia, todo es distinto y todo me agobia. Hay sonidos agudos que me perforan el cerebro. Hay mil manos tendidas y ninguna tiene rostro. Todo es rápido, veloz, inmediato, hay tiendas sin ropa, solo maniquíes, hay talleres sin coches, solo herramientas oxidadas. No huele a nada. Los pájaros no cantan.
Algo susurra silbando y lo inunda todo. Es una voz tan ronca que parece clara. Nada es lo que parece, subo las escaleras de escasa pendiente, son pasos inútiles, se acaban. ¿Me persiguen? Alguien canta, agudo, triste, jodido, una mierda. Me enfada.…

Un hombre en un portal abandonado.

Cuando hablaba de sueños, lo hacía con un gesto triste. Había sido siempre la esperanza hecha hombre, siedo joven, tenía tantas ganas de hacer cosas, tantas ganas de vivir, de sentir, que las ganas se lo comieron. 
Lo conocí un día de invierno con las calles de la ciudad llenas de nieve sucia. Vivía en un portal de una casa abandonada en el casco histórico, y su único abrigo había sido siempre un perro de raza indefinida que acababa de morir. Estaba más solo que nunca, y a pesar de ello seguía portando una elegancia y una dignidad admirables, que se sumaban a un amplio conocimiento de la naturaleza humana, como diría Miss Marple.
Recuerdo cómo lo vi desde lejos, y enseguida sentí una pena terrible por un rostro tan joven a merced del crudo invierno. Le ofrecí pasar la navidad conmigo, a fin de cuentas, yo vivía solo en una casa grande y sin familia. Me dijo que solo me acompañaría si le prometía que no le invitaba por compasión. Lo hice; le mentí.
Después de una ducha y la cena de rigor,…

Buena Praxis

Acudí a mi cita quincenal con el psicólogo. Era un hombre que me resultaba entretenido, con esos ademanes y tics nerviosos, no era el típico psicoanalista argentino, desde luego. Ni siquiera era argentino. Como siempre, me saludó al entrar a la consulta, que siempre olía igual, a viejo, a recóndito. Me recosté en el diván como era costumbre y me hizo las preguntas de rigor. Contesté a todas con tranquilidad y seguro de que era lo que él quería oír.
Cuando expuso sus conclusiones, me sorprendió. Más aún por el motivo de mi estancia allí, ajeno a lo que nos interesa. Aun cuando yo había creído en todo momento que aquello no era más que habladurías y un tirar el dinero del seguro, logró definirme a la perfección. Por supuesto, en ese momento solo me sorprendió que conociera aquellas cosas que también yo conocía, pero, hoy, diez años después, me doy cuenta de que dio con muchos aspectos que yo ni siquiera había observado antes, en nadie. Mucho menos, en mi espejo.
Recuerdo ese instante de m…

jazz.

- ¿Quién quiere quedarse aquí? Yo te ofrezco mil nuevas posibilidades, y, sin embargo, no haces más que rechazarlas. Es increíble cómo alguien deja pasar las oportunidades. Debería darte vergüenza. Muchos desearían estar en tu situación ahora mismo, y no lo dudarían ni un instante. En serio, ¡lo desprecias! Si yo fuera tú, y tuviera veinte años menos... - Si tuvieras veinte años menos sería yo quien ofreciera oportunidades y no sería a un imbécil como tú. Podrías empezar por mirar tu puto ombligo y revisar tu matrimonio. Los cojines de tu cama hace tiempo que huelen a otros. Dicho esto, cogió su bolso, sus llaves y la foto de su madre de la mesa del despacho, y se fue.

palabras.

La espera es la fiebre de la desazón,
la desesperanza el manto de la hiel.
Reclamo la ayuda de un galeno, o dos
que averigüen de ésta situación un por qué
que me convenza, que no me excluya
y me permita seguir acudiendo
a mil llamadas tuyas
en silencio.

Los labios cortados no fueron siempre
los más anhelados. Hoy sí.

Diálogo de anósmicos.

- Buenas tardes, papá. - Buenas tardes. - ¿Qué tal llevas el día? ¿Ha sido complicado? - No demasiado, trabajo, ya sabes. Y tú, ¿las clases? - Insulsas. No hay cantidad suficiente de mentes brillantes, y las pocas que hay se apagan entre la mierda que es el qué dirán. - Tampoco te desanimes así; vivirás esto una y otra vez. - No solo me desanimo, me frustro. Pierdo el tiempo en cosas aburridas, simples o que no me interesan. Yo tengo un sueño, y parece que a nadie le importa en este mundo que tengas un sueño. En realidad no entiendo que en esta vida tengas que estudiar cosas que no quieres solo por el hecho de poder tener un plato encima de la mesa. Y lo siguiente es trabajar sin abrir la boca, el autoconformismo, la jefecracia, un matrimonio triste y una familia deshecha. ¿Qué cojones pretenden? Es tan sencillo como luchar por lo que tú quieres ser. - Solo tú lo ves sencillo. Para la mayoría de personas ésa es la vida cómoda, la simple, la práctica. Y sin embargo, hay ciertas personas como …