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Mostrando entradas de enero, 2011

Uno.

Arranca la tirantez de cada músculo envenenado de codicia y vanidad, que persiga la ilusión tanto rato compartida, mentida entre sollozos y agonías del tiempo. Expulsa cada pústula arañada de tu esencia, suprime los recuerdos de la subordinación más absoluta. Grita la vitalidad del frenesí por amar lo que un día fue verdad. Borra toda unión con el desastre, ignora el surrealismo de la autodestrucción. Solo queda el vómito de la sangre verde bífida, ese arma bifaz del mal amor que nos castiga.

Hablemos de.

Hablemos de elegancia como el paradigma de la intelectualidad. Hablemos de la sabiduría de Balzac, que sentenciaba: "Hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa que exhibir".

Un placer.

Se marchan
los abrazos de una vida,
ligeros, sinceros y escasos.
Se marchan
las caricias de otros años,
serenas, frías y amables.
Dicen adiós
las manos que soñé
tener siempre junto a mí.
Adiós a los olvidos
encerrados en recuerdos,
al amor que fuera eterno.
Se van las mañanas
en las que desperté
junto a tus brazos.
Se va la sensación
de estar siempre protegida,
de que hasta hoy, me has amado.
Se va todo, y lloro.
Se van lejos rabia, dolor y anhelo.
Para no quedar nada.
Queda un corazón descompuesto
en páginas escritas a lágrimas.
Queda el vago sentir de tus besos...
Para no quedar nada,
olvido la esperanza.
La soledad involuntaria nunca fue liviana.
Queda lo que fui antes
y lo que conseguí llegar a ser.
Queda el alma.
La soledad involuntaria nunca fue liviana.

La Dama.

La Dama Triste no llora sentada en la piedra, se lamenta. Seguirá admirando el fruncir de unos labios que digan insultos, a pesar de haber amado la belleza de las palabras domadas. Mirará entre suspiros hondos e hirientes al cielo, cubierto de mantos de nubes, clamando por la respuesta que nunca ha de llegar. Añorará el recuerdo vago de una Dama Feliz que está ausente, olvidada. Y, sin embargo, respirará el abrazo de un acorde sereno que llegue de la mano del tiempo. Y pasará, y pasará. Y el día tendrá tres soles y un canto por cada especie, dedicados a la singularidad del alma sensible que arrancarán el dolor del poeta y lo harán versos limpios y exactos. Una nueva caricia despertará un amor nuevo que siempre estuvo ahí, y moldeará con suavidad los gestos de la Dama, volviéndose felicidad más pura y más nítida que la nunca antes conocida. Alcanzará la perfección de las emociones para luego, prederla de nuevo. O no.

Hoy.

Hoy, un sordo escucha atento cómo los pedazos de cristal que forman el alma de su anhelo se deshacen. Una mano los acaricia y los observa caer al abismo más vacío, desde unos ojos ciegos de amor opaco. Los placeres mundanos esperan a los hombres ciegos de fe, y atrapan a las mujeres florero. Las cicatrices se abren de nuevo dando paso a una profundidad insana. Rozan la locura los acordes de la mente y claman justicia a un vengador inexistente. La amargura de un grito congela la sangre del más bravo gladiador. Afuera todo es frío, la neblina asola el espíritu y hace temblar el corazón de un niño, que llora.

Vida.

Quédate en un bolsillo la sonrisa al dar un beso. Sonríe al mirar tus manos e imaginar las caricias de porcelana sincera. Amaga un sueño al pensar en sus ojos, siéntete seguro en los brazos del aire que siempre estuvieron contigo. Camina sobre el borde de la cama, abre la mano y estrecha la ternura. Descansa tu cabeza en el hombro de cada ilusión. Ama el hecho de haber amado, ama el deseo de volver a amar, exprime cada instante del tiempo que seas capaz de regalar. Susurra a los cuatro vientos el soplo de la esperanza. Huele el sonido de cada amanecer compartido con la vida. Cántale al deseo lujurias de cuerpos sagrados.

Impulsos.

Imagen
Mecía sus brazos al compás de la tortura. De un lado, una máscara encapada, negro tizón de miedo, hacía y deshacía unos hilos de ponzoña dulce y miel sedienta, con una elegancia mortífera. Del otro, en el blanco de la insensatez, de la obviedad y las caricias sencillas, la luz beata forzaba al Destino por hallar a su lado a una dama. Dama de mármol, ropas de lino y labios manzana, ojos oscuros de infinita inocencia.
Ella, por amar, ama la maldad, desprecia la simpleza y el amor más puro y candente. Aboga por el sufrimiento, claudica ante la tranquilidad, ignora lo estable y busca algo más allá. Cierra sus sentidos a la bondad eterna y busca perdonar el alma de un demonio. Es una princesa, su reino es más fútil que la vida y más extenso que una lágrima, mar de anhelos mentidos entre sentimientos validados. ¿Quién ha de llevarse el alma de una mujer serena? ¿Quién tiene poder para hacer suyo al ente más libre jamás bordado?
La atracción de lo imposible resulta del ansia de un reto. Solo e…