Impulsos.

Mecía sus brazos al compás de la tortura. De un lado, una máscara encapada, negro tizón de miedo, hacía y deshacía unos hilos de ponzoña dulce y miel sedienta, con una elegancia mortífera. Del otro, en el blanco de la insensatez, de la obviedad y las caricias sencillas, la luz beata forzaba al Destino por hallar a su lado a una dama. Dama de mármol, ropas de lino y labios manzana, ojos oscuros de infinita inocencia.

Ella, por amar, ama la maldad, desprecia la simpleza y el amor más puro y candente. Aboga por el sufrimiento, claudica ante la tranquilidad, ignora lo estable y busca algo más allá. Cierra sus sentidos a la bondad eterna y busca perdonar el alma de un demonio. Es una princesa, su reino es más fútil que la vida y más extenso que una lágrima, mar de anhelos mentidos entre sentimientos validados. ¿Quién ha de llevarse el alma de una mujer serena? ¿Quién tiene poder para hacer suyo al ente más libre jamás bordado?

La atracción de lo imposible resulta del ansia de un reto. Solo existe un camino envenenado aderezado con zarzas de frutos amargos, que mantienen en sus espinas el reflejo de mil amores anteriores, muertos a cada intento. Las manos del titiritero más mezquino controlan la inocencia de la dama.


Comentarios

  1. Las manos más mezquinas de la dama controlan la inocencia del títere.
    Las manos más a dama del control inocencian la titerez del mezquino.
    El mezquino más a mano de la inocencia titerea el control de la dama.
    ¿lo crees?

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Instrucciones de uso

A "Joven y Bonita"

Hoy y siempre, a ti