Un placer.

Se marchan
los abrazos de una vida,
ligeros, sinceros y escasos.
Se marchan
las caricias de otros años,
serenas, frías y amables.
Dicen adiós
las manos que soñé
tener siempre junto a mí.
Adiós a los olvidos
encerrados en recuerdos,
al amor que fuera eterno.
Se van las mañanas
en las que desperté
junto a tus brazos.
Se va la sensación
de estar siempre protegida,
de que hasta hoy, me has amado.
Se va todo, y lloro.
Se van lejos rabia, dolor y anhelo.
Para no quedar nada.
Queda un corazón descompuesto
en páginas escritas a lágrimas.
Queda el vago sentir de tus besos...
Para no quedar nada,
olvido la esperanza.
La soledad involuntaria nunca fue liviana.
Queda lo que fui antes
y lo que conseguí llegar a ser.
Queda el alma.
La soledad involuntaria nunca fue liviana.

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