Uno.

Arranca la tirantez de cada músculo envenenado de codicia y vanidad, que persiga la ilusión tanto rato compartida, mentida entre sollozos y agonías del tiempo. Expulsa cada pústula arañada de tu esencia, suprime los recuerdos de la subordinación más absoluta. Grita la vitalidad del frenesí por amar lo que un día fue verdad. Borra toda unión con el desastre, ignora el surrealismo de la autodestrucción. Solo queda el vómito de la sangre verde bífida, ese arma bifaz del mal amor que nos castiga.

Comentarios

  1. Pareces tener muy claro cómo quieres esculpirte. Lo jodido es que no siempre nos damos la forma que queremos, pero creo que hay que empezar por no olvidarse de a dónde se quiere llegar.

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  2. Muchas veces necesito recordarlo.

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