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Mostrando entradas de febrero, 2011

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Realmente no sé si me despertó el golpe seco del teléfono al caer al suelo, el dolor lacerante en el dorso de la mano o el sabor indefiniblemente pastoso que me amargaba en la boca.

- ¡Diga! ¡Diga!

El teléfono estaba mudo. Cómo odiaba la periodicidad de esas llamadas, joder, siempre después de una resaca histórica que oscurecía más cualquier opacidad: ahí estaban. Me miré la mano, sin recordar cómo ni cuándo había acabado así de destrozada. Me incorporé de una postura imposible en aquella especie de camastro y me dirigí al lujoso aseo compuesto por un lavabo y un retrete sin cisterna. El espejo roto me devolvió un reflejo brutal que me sobrecogió por un instante, como todas las mañanas; los segundos me habían hecho llagas que supuraban mezclas de odio y súplicas de perdón. Lavé la mano mientras ahogaba los gritos que ya ni sabían a qué sentimiento obedecer y cogí la jeringuilla. Un solo chute más, joder. Así de veras podría despertar.
Sonó una llave en la cerradura de la habitación, el m…

La estupidez humana.

Resulta común en el comportamiento humano el empleo de ciertos prejuicios, falacias y fábulas con el objetivo de sustentar una argumentación insustentable. Tomando este hecho como real, evidente, absolutamente ninguna afirmación que proceda de dichos hombres y mujeres debe considerarse de ninguna manera, como no debe considerarse la voz de un niño consentido que clama por un juguete nuevo que no supo apreciar hasta que le fue prohibido.
Ante esta situación, el consecuente, que en ningún momento tiene por válidas estas afirmaciones, tiene dos posibilidades, introducirse en un juego de reglas básicas y perfiles definidos que no es más que una diversión momentánea y frugal que el resto de jugadores recordarán como vital, o abogar por la ignorancia más implacable que no enseñará nada a los demás participantes.
Partiendo de la base de que la estupidez humana es el más común de los males que inunda el estómago de cualquier hombre o mujer, y dado que contra ella es inútil luchar porque solo lo…

Reflexiones en alta voz.

Cuando el látigo doblega la espalda más desnuda, el cuerpo olvida el movimiento antagónico a la sumisión. Cuando los días pasan rápidos y dorados, endulzados por la imaginación, la ilusión olvida el verde oscuro casi negro de la tristeza que la ahoga. El equilibrio que manifiesta una entereza emocional e intelectual debiera ser una máxima anhelada por cada uno de los hombres que pueblan la Tierra, la superación de cada uno de los obstáculos teniendo como instrumento la voluntad y capacidad humana, la sensibilidad del alma y los sentidos, es la maravilla que compone el hecho de vivir. En realidad, no importa cuán larga sea una espera, ni cuán doloroso un luto, de la misma manera que no importa cuánto durara la felicidad o el terror más arraigado. Lo verdaderamente importante es haber sido consciente de la magia que es la vida, la experiencia constituirá cada una de las cicatrices que te definirán como persona adulta, desarrollada, exprimida y admirada.
La única opción ante la futilidad …