Recuerdos.

Un baile grácil y elegante por la curva que forman las mejillas más bellas del planeta. Eso, es una lágrima. Agua con sal que inunda unos labios fruncidos o sencillos; en realidad no importa. Los ojos tres veces más grandes, la mirada dos veces más chica, el brillo cien veces ahumado. Las nariz temblorosa, la barbilla fuerte o triste, los hombros caídos o hinchados; en realidad no importa. Las manos débiles, vibrantes, el pecho rítmico loco. La espalda afilada, las rodillas dobladas, instinto natural. Eso, es una lágrima.

El torso partido a la mitad, el grito más hosco concebible, las uñas clavadas en la piel propia, sin sentir. Eso, es el dolor. El estómago ajeno a la rabia y próximo al sueño, la mente incapaz de existir. Caricias heladas, la nuca doblada hacia atrás, los ojos cosidos. En realidad, no importa. Eso, es el dolor.

Las manos deslizándose con serenidad anhelante, los labios empapados de tu piel. La nariz arrugada y feliz de tu olor, las curvas encajando con precisión milimétrica. La nuca desnuda, tus ojos cerrados, la forma de tus cejas, un mordisco en tu barbilla. El recorrido de tu oreja. Eso, es el placer del corazón. La seguridad de tus brazos, el reposo de tu hombro, la fuerza de tus piernas. En realidad, no importa mucho más. Eso, es el placer del corazón.

El dedo índice desde la frente a la barbilla pulsando la nariz. Los ojos abiertos bailarines y las manos entrelazadas entre sí. Hoyuelos junto a la comisura de los labios, elevados a la condición de ser feliz. Los hombros buscando un abrazo, los brazos cercanos. Eso, es una sonrisa. La mirada hacia el aire mostrando lo más sincero del ser desnudo. En realidad, sí importa.

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