Idas, vidas y venidas.

Quédate tu amor y guárdate tus gestos, la fuerza con que nos dimos besos y conservamos lazos enredados, infinitamente eternos. Las palabras que sentimos y las imágenes que oímos entre el bullicio envenenado del mundo en derredor. Siempre los pájaros volaban en círculos hasta que te veía y yo mismo empezaba a volar. ¿Recuerdas el olor del agua cada tarde? Era como tu cintura. Porque yo no tengo nada más que corazón, el resto de mi cuerpo levita liviano, donde no alcanza a imaginar la razón, que ocupa a los mentirosos y reniega del amar. Tu abrazo flota entre mis dichas. ¡Cuánto anhelo tus pestañas! Cada medida de un segundo rozando mis mejillas, oliendo tus sienes en el deseo de una bruma. Como el mar ese tan tuyo, la bravura de la tormenta de verano entre montañas. Como la pasión del fénix que resurge de entre el polvo que lo vio nacer. Las lágrimas del miedo infantil del abandono que al adulto obliga a temblar entre sollozos, ésas que a mí me derrotaban batalla tras batalla a salvo entre tu risa. Quédate tu amor, entregado sin lamentos, atado a la más absoluta generosidad de tu regalo.

Yo mantengo la lucha del perdido entre una multitud que habla sin hablar, vive sin vivir y muere muriendo antes de salir del vientre de su madre. La condena es para mí lo que a tu alma dará paso.

Comentarios

  1. Me produce sentimiento de nostalgia, y no venganza, pero algo que pasa al pasado. He sentido tus palabras a mi manera, que bueno.

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