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Mostrando entradas de mayo, 2011

Serás joven hasta el envejecer del corazón.

Beben nostalgia dulce las arrugas de la comisura de tus labios y el rabillo de tus ojos. La bella experiencia experimenta con una belleza de gustos particulares que aparecen con la edad, que guardan la presencia y la elegancia de un cuerpo menudo que ha visto los años pasar con ojo ávido de verdades y opaco a las mentiras. Tu pelo brilla de esa pureza que da el tiempo al haber manchado el corazón de sinceros dolores y alegrías nacidas desde una caridad transparente. Tus ojos son indescriptibles.  Físicamente, diría que son de un verde pardo, con el círculo claro al final del iris que entristece la edad. No soy capaz de ordenar las ideas que me gritan al oído qué me transmite tu mirar. Tus manos nudosas son finas y elegantes, trabajadas desde no recuerdas cuándo y tratadas del cariño de la familia. Tu luz ensombrece al niño que acaba de nacer, que llora asustado de ver el mal del mundo y se calma al verte aparecer. Qué decir de tu sonrisa. De tus hombros erguidos, de los pasos que has …

A la inocencia revelada.

Emerge de entre una espuma negra una figura femenina desnuda, cubierta con un manto de sangre ajena y propia. El fondo es niebla, se yergue sobre una pila de cuerpos masculinos que hace instantes respiraban. Por sus manos serpentea el líquido rojo del amor en la batalla. Su cabello de un castaño ennegrecido cuelga húmedo sobre los hombros y hasta la cintura, ocultando parte de su rostro pero no de su expresión. La piel no brilla natural ni mística, solo sudorosa de esfuerzos continuamente eternos.
Las piernas se superponen a la altura de los pies, y acaban en las caderas de un cuerpo sensual que ya no alimenta atracción alguna. Ni los senos recuerdan la fecundidad o maternidad ancestral que se atribuye a tal reflejo. Los hombros henchidos sugieren y gritan la rudeza de una carga demasiado grande y demasiado longeva. Sugieren y gritan la lucha emprendida al nacer y terminada antes del desfallecer, el fuero interno hecho humanidad.
En una pila de cuerpos masculinos que hace instantes resp…

F.

Se susurra la paz en el dulce tintineo de una caja de música, la que anuncia el final de una vida larga y dolida, amada, finada. Levita en el aroma un deje a dulzura de un amor pasado y jurado tantas noches, a comunión entre seres elevados a grandeza. La figura enhiesta de un alma trabajada acaricia un orbe de cristal que ejerce exacta de ventana hacia un silencioso cosmos. Se muestran los conocidos que caminaron de la mano de los queridos que se fueron.
No se percibe frío, ni rudeza, ni engaño ni hastío ni rabia ni dolor. Solo la paz serena del que aceptó al nacer sollozando que un día en carne moriría. Porque esa mirada ha visto tanto y amado tanto, tanto que voluntariosa, se apaga. Porque allá lejos para todos y cercano para él se encuentra la belleza de su amor jurado, y la espera del que promete un futuro eterno de belleza y paz, que se susurra.

trazos de segundos

La claridad de un arrullo
mece las manos pulidas
de una madre entregada al amor.
Suenan allá lejos trinos
de los que fueron y no son.
Como el niño que observa
con la curiosidad sembrada
inherente a la condición
de infante iluminado,
trasciende del dolor,
y las guerras, y los llantos.
Se elevan más allá
sus brazos ansiados por un pueblo.
La luz plena alcanza corazones
que intuyen su oportunidad,
real por encima de las palabras futuras,
generosa
en el paraíso del error humano
que precede, obligado,
a la ataraxia.

La Cueva.

Queda un canto de esperanza escrito a fuego en la piel inocente de un niño a salvo de la tiranía ancestral de sus mayores. Las palabras recorren los momentos vividos por cada ser que puebla la tierra, cada instante inmortalizado por una narración subjetiva que abre mil puertas a la imaginación y hará único cada segundo que te roben ésas, serenas. La lucha del perdido tendrá recompensa en la eternidad de un género que de por sí deja atrás los nobles sentimientos, trascenderá a los corazones del hombre con la simplicidad de un beso largo.
En un valle oculto entre calles de hormigón se conserva la pureza del agua no contaminada, que alimenta constante los sueños de los autores hasta que la furia lo engulla. Buscarán otro valle en el silencio de un iluminado que pierde la ilusión. La delicadeza de unos gestos infantiles entre el verde sobrio de la vegetación astur acompañan la sabiduría humana del criado entre animales. Pero queda un canto de esperanza escrito a fuego en la piel inocente …