A la inocencia revelada.

Emerge de entre una espuma negra una figura femenina desnuda, cubierta con un manto de sangre ajena y propia. El fondo es niebla, se yergue sobre una pila de cuerpos masculinos que hace instantes respiraban. Por sus manos serpentea el líquido rojo del amor en la batalla. Su cabello de un castaño ennegrecido cuelga húmedo sobre los hombros y hasta la cintura, ocultando parte de su rostro pero no de su expresión. La piel no brilla natural ni mística, solo sudorosa de esfuerzos continuamente eternos.

Las piernas se superponen a la altura de los pies, y acaban en las caderas de un cuerpo sensual que ya no alimenta atracción alguna. Ni los senos recuerdan la fecundidad o maternidad ancestral que se atribuye a tal reflejo. Los hombros henchidos sugieren y gritan la rudeza de una carga demasiado grande y demasiado longeva. Sugieren y gritan la lucha emprendida al nacer y terminada antes del desfallecer, el fuero interno hecho humanidad.

En una pila de cuerpos masculinos que hace instantes respiraban se yergue una figura femenina de gesto hosco, mirada oscura y perdida con muecas de ira. La sangre todavía brilla en los colmillos de la dama. La inocencia revelada a punto de morir.

Comentarios

  1. Y tanto que duele darse cuenta uno mismo de su inocenia: desnudo, con los colmillos sacados por la necesidad de defensa, expuesto con apariencia de adulto pero con la ternura de un niño...
    Sin ir más lejos: Cuandose forma un callo por primera vez, duele mucho y no queremos que estéahí, y cuando han pasado años no queremos quitárnoslo porque sabemos que nos protegerá del dolor frente a unos tacones para una boda.
    Duele.

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