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- Es verdad, ¡yo lo oí crujir!
- Tú no oíste nada. Cada hora, miles de corazones crujen por última vez, y tardan millones de instantes en recuperarse. Pero, cuando lo hacen, inexplicablemente, una capa más rígida los rodea, y créeme, solo hay algo que hacer con ellos mientras se están recuperando. En el mismo momento en que se hacen más resistentes de lo que nunca han sido, entonces, laméntate, porque aunque vuelvan a crujir, son siempre el presagio de algo más grande, y no más pequeño.
- Pero...
- Sí, lo sé. No hay nada más triste que el corazón que cruje por última vez.

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