El humo negro.

Crepita.
Cruje, machaca, acelera,
arruga la nariz sulfurada.
Pero cuando el brillo cegador se marcha,
y las ramas quedan deshechas negras rotas sin brillo,
más huele el humo negro.
Levita, vuela, asciende
y se dispersa allá donde llueve antes que en el lecho.
Sin embargo, solo es humo negro.
¿Qué queda en la luz al marchar el humo negro?
Ligero tono a madera y a hojas
y a paja gris y triste,
pero el agua,
el agua pasea segura, valiente y continua
a dos milímetros del caos.
Solo quedan anosmias de la herida cauterizada,
porque así y solo así se marcha el humo negro,
¡ay!Maldito.
Veloz, hiriente y negro,
nada más humo que se eleva constante y dilatado,
para alcanzar la luna,
para sobrepasar la nada,
lo que queda cuando el humo negro se marcha.
Y al tiempo,
al dulce tiempo que pasa henchido cuando el alma es pequeña, 
al tiempo el agua manará
para dejar el alma pura
liviana, sin culpa.
Curada. Alba. Amarilla.

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