Flash -Boom-Storm.

- Tengo la clave para el mejor de los septiembres.
- Tiempo de cambio, ¿verdad?
- Eso dicen, nuevos propósitos.
- Te escucho.
- Verás... digamos que amanece un día X. Sí, ese día X que va a significar algo más que el X-1 para ti. Pues, digamos que amanece ese día. Y que cuando te despiertas, aunque el sol ya haya bailado un rato por la mañana, lo primero que veas en la pared de en frente es un dibujo, o un escrito, o una frase de tu mayor anhelo. Ese que te trae de cabeza y que los días opacos escurres entre la ropa sucia que ya echarás a lavar mañana. Ese que si bebes tres copas se lo cuentas al baboso que te mira y te habla desde la barra, pero que si bebes cuatro más te hace su fiel compañero.
- Ah, sí, los autodestructivos.
- Algo así lo llamaría yo. Son de esos por los que un minuto de disfrute valen mil minutos de dolor. Y que te hacen enorme de repente si los rozas pero que cada vez que quedan lejos te hunden más y más, desde las rodillas a la cintura y desde ahí el torso desnudo empapado de preguntas...
- Preguntas que sabes responder.
- Exacto.
- Y bien, ¿qué tiene que ver la enfermedad del hombre obtuso e inmune al razonamiento, con el mejor de los septiembres?
- Bien, amigo, trato de decirte, que el mejor de los septiembres, es ese en el que olvidas para siempre la enfermedad de la obsesión que carga la espalda y ennegrece el latido constante que te acompañará siempre. Ese es el mejor de los septiembres.

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