Preludio.

Vibra la nariz despacito, con curiosidad, con dulzura y buen hacer. Se hilan las pestañas brillantes, curvadas, marco de los iris que más han ascendido y ascienden, sensuales, acuosos, gigantes imbatibles y almendrados. El mentón eleva el rostro oval de piel transparente y limpia, retirando suaves los bucles oro que escondían las mejillas turbadas de coral imperceptible. La proximidad de su mano y la frente de ella, cada vez menor, exhala electricidad, chispa redondeada en la belleza de un amor, hasta el éxtasis de una caricia. Tintinean los labios mientras el corazón palpita, se eriza la piel y la espalda se arquea. Un brazo rodeando la cintura y apretando contra sí. Se entrelazan las pasiones, bellas, trascendentes, corpóreas, etéreas.

Comentarios

  1. Muchas veces es mejor lo que precede a el hecho en sí.
    Texto precioso.
    Saludos!

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