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Mostrando entradas de noviembre, 2011

Al menos una vez.

Se mueve y baila, ni erótica ni sexual, puro vicio sucio. Corteja en instintos vanos, ni delicada ni elegante, en busca de un alpha que comparta con ella su noche de histerias, al menos una vez. Busca la medalla estándar inherente a la existencia del cuerpo, sin méritos ni entregas salvo sus piernas abiertas. Humilla toda ella la grandeza femenina y no por su cama, sino por la mente vacía, formada y conforme. Qué lástima que proclame la ignorancia, y la falta de valores y conciencia. Al menos ella queda obviada bajo la figura real de la mujer, pena de delirios de grandeza a ras de suelo.
No hay mucho más analizando la simpleza. Ni obviando lo sexual quedaría mucho más: materia, forma y nulo contenido. Un florero más que nunca quiso serlo allá por la infancia cuando los niños se equiparan y eligen sus caminos. Siento que pululen y no piensen ni sepan creer ni querer, quizá si leyeran al menos una vez lo que hay que leer al menos una vez, quizá y solo quizá despertarían. Pero ya es tarde…

Lo sencillo.

Imagen
Mientras, escribe.
Como las tardes frías con un buen abrigo oscuro y el vaho de esa estación que late entre el otoño y el invierno. Así, en el respirar solitario, sin lágrimas y con media sonrisa, con las manos vueltas hacia el cielo, levitando el olor a ciudad y agua empapando la piel. Las piernas en loto, roza sus labios con la yema de los dedos recordando un beso que hace algún tiempo que no está, mientras oye en su cabeza la misma melodía que un día unió más de un sueño que dos desconocían. Sabe de tantas cosas... incluso de un par de lunares prohibidos, pero son un secreto compartido algo exótico. Con curiosidad inocente observa que no hay ruido y solo llueve a trozos, como si todo hubiera sido dispuesto con precisión y el ritmo marcado con pasos de ballet. Torna brillo cada voluta de humo inofensiva y ordena paciente cada recodo de su arista, no vaya a ser que falle su estructura: la brisa fresca de invierno mece su pensar, positivamente neutro. Suspira arrebujada entre la bufand…

Palacios.

Vibra el aire frío de una sola mirada clara, de pestañas largas e iris de penetrante azul. Por solo dos minutos son dos ánimas sabias de cuerpo infante las que habitan en un palacio helado de agua. Ajenas al vaivén de una rutina estéril o del fragor de una mente borrada de vida, con su quehacer meditabundo cubren necesidades y sueños de todo un país o una Tierra. Con paciencia obcecada entretejen ambos la figura del Destino que nos forzará a todos en el mismo lugar, bajo el mismo yugo y con las mismas esperanzas vanas de renacer en algún sitio poco más allá, sin saber que es solo el alma lo que no perece. ¿Cómo y por qué son ignorados, sin una sola advertencia o nominación, ajenos a los libros y a los pensamientos humanos? ¿Quién osa obviar su labor y su tiento con la arrogancia del ejército invencible, con fantasmas por enemigos? Una sola voz recorre la sala, grave, veloz, sentenciosa, acusada, acusadora: Aquí en estas palabras subyace por qué no buscar razón a la ignorancia inherent…

Dejado atrás.

El tintineo nervioso de los nudillos es el único anuncio en su conducta de sus nervios bien sabidos, esperando observante un indicio mínimo que ilumine las nieblas de su incertidumbre obtusa. Mientras su aliento monótono y cuidado oculta con perfección divina un lastre recurrentemente humano, su entorno se oscurece e ilumina al compás de su pensar, veloz, certero y tan veraz como la subjetividad del arte. En su línea atemporal el pasado condiciona la valentía del futuro, la paciencia de un momento, la ilusión de la primera entrega. Viste de blanco roto y su pelo negro corona unas pantorrillas finas gravadas de excesos jóvenes y no tanto, tatuadas de arrojo y arrojados. En el milisegundo más atractivo, todo movimiento cesa en favor de la única verdad, entre la  hiedra que sustenta la fachada y acompaña a los ladrillos, entre las orquídeas floreciendo a los pies del caserón.
Aparecida, buscando un destino ya escrito y ya impuesto, cercana a la maravilla de sentir amor por quien más te am…

Tres líneas.

Son dos las que yacen con dos hombres, todos uno sobre el mismo colchón. En la habitación de fondo gris y sin ventanas, las cadenas de la moral y la monotonía se enredan con la opacidad y el tedio, vendidos todos y entregados en la cárcel de una sola duda. Por recurrentes los despertares monótonos, las mañanas perdidas y las tardes obtusas, algo en la mente se conforma y arrasa imparable con cualquier asomo de voluntad frágil. Así miran los ojos la vida que se escapa, impasibles, sin voz interior que clame por un cambio, inútil, incapaz, inválida e insípida. Con la impasibilidad escasa del sabio incipiente, así captan los ojos la vida que se escapa. Por fortuna, a salvo entre los brazos de las letras y las notas creativas o creadas aferradas a los sueños y los anhelos, la determinación bulle en la habitación contigua, inestable y peligrosa. Como el vacío que anuncia la tormenta, como la electricidad que la precede. Como saber qué se avecina. Esa media sonrisa resabida.

Burdel.

En una sala oscura, de luces tenues, lúgubres y sucias, sobre una pared que quiso imitar al rojo sangre y logró llegar al terciopelo de capa caída, cuelga un cuadro de marco trabajado en ocre viejo en cuyo lienzo destaca, entre las sombras, una mirada femenina llena de enigmas y altivez. Nadie en el exceso del placer fútil ha caído en la cuenta del pequeño detalle, tan significante como tantos otros que inadvertidos transparentan ojos y razón. Por los rincones, con escasa velocidad y obtuso ahínco, la fea desnudez de los vicios despreciables empapa de sus fluidos los pedazos de las almas que ya nacieron rotas y condenadas a base de circunstancias, todos los cuerpos en uno, monstruo amoral y sin principios.
De entre todos, sin inocencia -ya desde el vientre de una puta que no soñó ser madre-, con edad suficiente para cursar superioridades y experiencia de arrugas tempranas, siniestras, en la cima del monstruo con barato jazz de fondo y atmósfera inaudible de humo y verdor, pelo hasta la…

J.

Anuncian las trompetas de impulso atronador la llegada del Justo que os iluminará y os hará libres, despojaos todos de vuestros pesares, acallad las voces acuciantes de vuestra moral maldecida, latid al compás de un solo pensamiento, porque llega y os otorgará la mayor sabiduría sensible y sentida. Llorad el arrepentimiento de vuestros males y rozad con la yema de los dedos el placer de tener paz, ahora que podéis, que nada os lastra y nada os queda. En la desnudez del ser perfecto, olvidáos del yugo acusador ¡lleváos la ira lejos de la pureza y no marchitéis la inocencia! El suspiro finado os aguarda, los tiempos pasados desaparecerán bajo toneladas de piedra en la catedral de vuestra valía, para hacerse solo polvo, para no quedar nada. Será entonces el momento del Justo, magia será vuestro alma. No temáis el final, no permitáis cargas ni relevancias en vuestro palpitar continuo de entregas reveladas. Ya ha llegado.
"O iusti meditabitur sapientiam, et lingua eius loquetur indiciu…