Dejado atrás.

El tintineo nervioso de los nudillos es el único anuncio en su conducta de sus nervios bien sabidos, esperando observante un indicio mínimo que ilumine las nieblas de su incertidumbre obtusa. Mientras su aliento monótono y cuidado oculta con perfección divina un lastre recurrentemente humano, su entorno se oscurece e ilumina al compás de su pensar, veloz, certero y tan veraz como la subjetividad del arte. En su línea atemporal el pasado condiciona la valentía del futuro, la paciencia de un momento, la ilusión de la primera entrega. Viste de blanco roto y su pelo negro corona unas pantorrillas finas gravadas de excesos jóvenes y no tanto, tatuadas de arrojo y arrojados. En el milisegundo más atractivo, todo movimiento cesa en favor de la única verdad, entre la  hiedra que sustenta la fachada y acompaña a los ladrillos, entre las orquídeas floreciendo a los pies del caserón.
Aparecida, buscando un destino ya escrito y ya impuesto, cercana a la maravilla de sentir amor por quien más te ama, los nudillos ya no tintinean a pesar del zozobrar continuo de su barca de pesares. Despierta, la figura desafía al cielo con osadía mientras en cada flanco dos guardianes filtran el aire que respira.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Instrucciones de uso

La pérdida

A "Joven y Bonita"