Lo sencillo.

Mientras, escribe.

Como las tardes frías con un buen abrigo oscuro y el vaho de esa estación que late entre el otoño y el invierno. Así, en el respirar solitario, sin lágrimas y con media sonrisa, con las manos vueltas hacia el cielo, levitando el olor a ciudad y agua empapando la piel. Las piernas en loto, roza sus labios con la yema de los dedos recordando un beso que hace algún tiempo que no está, mientras oye en su cabeza la misma melodía que un día unió más de un sueño que dos desconocían. Sabe de tantas cosas... incluso de un par de lunares prohibidos, pero son un secreto compartido algo exótico. Con curiosidad inocente observa que no hay ruido y solo llueve a trozos, como si todo hubiera sido dispuesto con precisión y el ritmo marcado con pasos de ballet. Torna brillo cada voluta de humo inofensiva y ordena paciente cada recodo de su arista, no vaya a ser que falle su estructura: la brisa fresca de invierno mece su pensar, positivamente neutro. Suspira arrebujada entre la bufanda y el gorro de pelo gris sin guantes... Un niño inunda -que no invade- su campo de visión, mientras habla a solas creyéndose escondido -y bien que lo está-. Y se pregunta en voz alta: "Según lo que me han dicho, ahora en Navidad debo dibujar y describir un Misterio... ¿Es como un misterio de Tintín? No los entiendo, tienen unas cosas, ¡y no me las explican!... ". Sonríe. Por suerte, no le ha visto.

¿Para qué necesita más? Para nada. Cierra el bloc, se levanta, y vuelve a casa. Tiene que contarle lo que ha visto.



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