Dos conocidos.

Hace años que te miro. Hace años que me miras. No sé muy bien cómo definir lo que siento entonces, pero ocurre así, lo prometo. Es tu sonrisa la que llevo pensando tantos años al acostarme, sin creer que sea nada más que aire la mujer que duerme ahí al lado. Yo siempre he sido un nuevo romántico, y tú tan quieta y tan dulce, tú tu seriedad viva en la curiosidad de tus ojos y en el aroma de un café, de vez en cuando, al ritmo de tu templanza. No tan rápido, que vernos con mayor frecuencia lleva al alma a perderse en la soga del amor, y a las confesiones de deseos oscuros que tú y yo haríamos limpios. Pero cuánto las busco y jamás lo pronuncio, cobarde de olvidar que nos une la amistad de una vida entera, tan frágil como sólida y tan secreta como nuestra.

Qué bonita estás esta tarde, después de tantos meses, aunque haga tanto frío. Qué precioso tu abrazo y tu risa, caminando calle abajo cruzando entre los arcos y las plazas y bajo los balcones... Toda una tarde en que tú eres para mí sentada en otra silla y yo soy para tus sueños y tus días y tus blandas malicias. Me frustra el latir del corazón a eso de las siete cuando apenas falta una hora para dejar de verte, sabiendo que solo me queda hablar de vez en cuando hasta que nos echemos tanto de menos que tú quieras volver al sitio de siempre. Pero qué bonita estás esta tarde. Abrázame, acurrúcate aquí, y deja que tus ojos lloren si tu alma está tan triste. Pero qué bonita. Pero yo te quiero.

Comentarios

  1. ¿Y no habría sitio para un tercero entre esos dos? Yo también quiero estar ahí:-)

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