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Mostrando entradas de enero, 2012

Conversaciones de bar.

- No, no, no, no, chica, no tienes razón. [...] Ay pero por Dios, ¿cómo se te ocurre? ¡Qué va a pensar de mí! [...] Oye, oye que a mí no me gusta para nada. [...] ¿Tú crees? [...] Pues sí, la falda de tubo y la camisa gris, y mis zapatos favoritos. [...] Jo, ¡cómo me conoces! [...] A ver, pero explícamelo otra vez. [...] ¡Ay! Pues igual tienes razón, me parece increíble... Estoy que no me lo creo. [...] Oye cállate que llevo las lentillas, no creo que se le ocurra nada de eso al verme. [...] Bueno, vale, pesada, pero para una vez que voy a ligar yo... [...] Sí, para una vez, lista. [...] Oye, oye, que la última fuiste tú. [...] Ah, pues es cierto. Bueno, da igual. [...] Que escucha, tráeme las pinzas que estoy muy nerviosa que no me ha dado tiempo a... [...] Pero bueno, ¡y qué pasa si mojo! [...] De verdad, qué mala es la envidia. [...] No te enfades mujer, que yo te quiero igual, ya sabes, no vamos a dejar de ser amigas nunca. [...] Ay, ¡sí, por favor! [...] Qué bien, qué bien. [...]…

La vida sin ti.

Así, como ese árbol roto y nulo, de corteza sepultada entre musgo y moho y mala savia azul. Así, como la nana sin bebé y la risa sin sonido y el papel desconchado de una casa vacía que prometimos y no nos verá al final. Así como medio vaso de leche que no bebiste y nada de azúcar para desayunar. Así como varios días sin lo que es tu vida y mi música y tu andar en calcetines, hace frío, tápate. Así como ilusiones que no debimos tener ni prejuicios que nos inventaron, ¿o era al revés?
Así como tu voz y tu "¿importa?", y tu sonrisa. Así como tu rabia inocente y tus ojos entrecerrados mirándome lejos. Acércate, que hace frío. Así como la última vez que te vi llorar. Así como tu último te quiero y los mil que siguieron míos y no te atreviste a pronunciar, mientras eran tu nombre mis labios. Así como esa idea que era nuestra y el triángulo de besos que escondieron todos cabeza abajo y sin conciencia. Así como que siempre supiste cómo acabaría todo esto y que siempre serás mi musa y…

No quiero.

No quiero el abrazo avisado de tus ojos dolientes y la calma inducida. No quiero el rocío que ocultas ni la hiel que atesoras ni un solo segundo más de tus dichas. Ni la primera mirada detrás de la valla sin razones ni metas, ni amor. De lo vacío de una voz me guardo la espalda con el ceño fruncido de llagas. ¡Ay dolor! Y suplantarte, no quiero. Ay duermevela que me gritas verdades que expulso con ansia, ansiedad de temblores, ni faltas, ni hablas. No quiero ya más lo que son seiscientas noches pasadas, tres millones de lágrimas y el recuerdo de la traición y los besos absurdos. Ay de los besos absurdos, ésos, ésos... ésos que ya no pienso ni recuerdo.
Ésos que aún así, desprecio.