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Mostrando entradas de febrero, 2012

Allí estás.

Al vano honor de los guerreros, a la falsa moral de los cobardes, al vaivén de tus brazos columpiándose, a la herida del momento en sucio polvo.
En la tensión y el frío de una hoguera, en el abrigo de esta celda y esta luna nueva, en el graznar de tu cuervo blanco, en mi jergón sin vicios ni temblores.
Por la compañía inexistente de tus piernas y el olor del romero de mi infancia, por tu sudor en la batalla perdida, por el odio que siembras en tu cama.
Allí.
Allí oigo en la bruma la perturbación de sus voces,  rotas, orgullosas, envenenadas con tu nombre. Huyo de tu aliento inevitable, y de tus manos y de tus labios y de tus pasos por baldosas rotas.
Es la mentira y el rencor de tu llegada, de tu aparición la bondad y la música, lo que por tantas veces soñada en vida lleva a la muerte tu melancolía, y la mía.
Llévate todo recuerdo allí, allí donde tú estás. Allí tan lejos, al vano honor de los guerreros, y en la tensión y el frío de una hoguera, y siempre, por la compañía inexistente de tus piernas.

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Cuando aparece esa veta de valor irracional es el momento justo de echar la vista atrás y parar a tomar aire después de tanto jugar con los fantasmas. Es un buen momento este, no hace mucho frío y ya no arrastro la bufanda ni los pies. Además, me faltan dos o tres días para terminar de despejarme la vista y así con los ojos de color gris se piensa mejor, que lo sé yo. De todas formas, disculpadme la tardanza. Se me torcieron las cosas por no querer enderezarlas.

Quebrar la soledad.

Las mañanas que están borradas y se han vuelto tardes, esperando por las noches que abrigue el colchón que está vacío. Enorme, frío, solo. Sin música. Ni una voz lastimera ni lastimada, ni un violín difuminado, espacio natural desnormalizado que no guarda sueños ni sella secretos. La misma sábana arrugada que escondía mi cuerpo se ha perdido entre las mantas, ya no me abriga, porque son noches en vela las que te extraño. Extrañar la idea. Reflexionar los besos, tecnificar los abrazos y demás ideas absurdas que solo alcanzan la nada y que en nada se quedan, porque nada hubo, y solo te pensé. Tú que lees estas líneas, o aquel que conoceré mañana o quien te miró ayer; sea quien sea, sabrá de lo que hablo. Extrañar la idea que nunca tuve y me inventé, ¡por supuesto! O tu cuerpo que se ha esfumado o tu olor que reconozco en cada parte o la media sonrisa al maravillar a la belleza. Cuánto extraño la compañía del deseo y tus manos que leían al compás de mi voz. No sé hablar, no tengo tono, n…