Allí estás.

Al vano honor de los guerreros,
a la falsa moral de los cobardes,
al vaivén de tus brazos columpiándose,
a la herida del momento en sucio polvo.

En la tensión y el frío de una hoguera,
en el abrigo de esta celda y esta luna nueva,
en el graznar de tu cuervo blanco,
en mi jergón sin vicios ni temblores.

Por la compañía inexistente de tus piernas
y el olor del romero de mi infancia,
por tu sudor en la batalla perdida,
por el odio que siembras en tu cama.

Allí.

Allí oigo en la bruma la perturbación de sus voces, 
rotas, orgullosas, envenenadas con tu nombre.
Huyo de tu aliento inevitable, y de tus manos
y de tus labios y de tus pasos por baldosas rotas.

Es la mentira y el rencor de tu llegada,
de tu aparición la bondad y la música,
lo que por tantas veces soñada en vida
lleva a la muerte tu melancolía, y la mía.

Llévate todo recuerdo allí, allí donde tú estás.
Allí tan lejos, al vano honor de los guerreros,
y en la tensión y el frío de una hoguera,
y siempre, por la compañía inexistente de tus piernas.

Comentarios

  1. Sí, llévatelo todo cuanto antes porque ¿cuánto se tarda en morir bajo los recuerdos y el pesimismo que los envuelve? No hacen falta una hoguera o una pistola para matar a alguien, ni para matarse.

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