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Mostrando entradas de marzo, 2012

Primer Trazo III. Los años.

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Primer Trazo.
Primer Trazo II. Él.

Dos, exactamente dos años y medio. Dos años y medio desde que te amé por última vez a ti, que ahora me perdonas. Cuando te fuiste y no fui valiente, todo se sucedió como en la vida de otro que nunca te han contado. Tú me olvidaste y besaste más labios. Yo rebusqué en mi pasado y encontré un amor que apareció con el tiempo, a pesar de no olvidarte, pero fue amor y hoy un nuevo tormento cuando tus ojos como los míos, han dejado de serlo. A veces, cuando te veía no podía evitar recordarte una semana entera, siempre tan correcta, siempre tu amor, que yo quería buscar y que brillaba... Y no estaba ahí. Confieso que de verdad me enamoré después de haberte visto marchar, de otras manos que siempre me quisieron más y hoy me abofetean los días pares, como un reloj.

No has olvidado mi cumpleaños, y eso es extrañamente lo que mejor me ha hecho sentir. Me resulta tan fácil hablar contigo otra vez, amiga, amiga mía y no necesariamente nada más, aunque me gustaría -…

Vivimos la vida como la quisimos.

La pasión, la cruz del genio, el poder, la sumisión, sinsentidos, dueños, violencia y placer de doscientas frustraciones; todo laureado y simple en la ciega mirada huidiza de su dama de cuna y sociedad: recta, fiel, puritana y plana. ¡Cuánto bien nos hubiera hecho marchar tan lejos como aquel lugar, bebida la sed y mi espalda en tu pecho, las manos febriles, el sexo y mi grito! Vivimos la vida como la quisimos, como la soñamos, poco más que una manta las noches más frías y los cuerpos desnudos, aullar en luna nueva y temblar de la puta obsesión y el vicio que es el humo y la espalda llagada. Mientras nadie mira y todos ven clama la piel erizada en vicio el único instante que nos hará puros de éxtasis; puntillas, medias, saliva, roce y curvas y rectas erectas mediante. Quizá tú, musa. Quizá yo, obseso. Quizá nosotros, la lengua y las manos y tu olor y tu sexo. Quizá ya. Quizá, ven. Quizá cada segundo y cada día. Que la vida nos hará viejos y dejarán de importarnos estas cosas, aunque n…

Impulsos e impactos breves.

Era como el efecto mariposa. Todo tan perfecto, y de repente: babum. Y yo veía en esas palabras mi reflejo y el de mi mano, pero ¡qué idiota, yo no las había escrito! Pero qué familiares... Oscuros esos meses, oscuras las historias hasta una rosa de los vientos. Y míranos, yo en mi vida tan perfecta y tú en tu vida sin envidias, qué jodienda. Pero sé que nunca me engañaste, y nos juntamos un par de años y yo te vi quererla y tú me viste amarle... y ahora la vida es tan perfecta. Que te deseo lo mejor, que te he querido y un poquito aún te quiero. Que yo sé que te hice daño y que no me quieres a tu lado, pero intenté ser feliz aunque saliera en espiral, no me culpes. Ahora, bueno, solo duele el pasado, como la picadura de una abeja, abeja que al picar, una sola vez, se muere. Puede que esta abeja pique un par de veces más. Pero yo tengo mi sendero y tú el tuyo y aunque no vuelvan a estar en el mismo camino... me alegro de haberte conocido.

A ti.

No sé qué haré si tú te marchas. Tiemblo por pensar que de aquí a la muerte del verano, no estaré yo cerca para acudir en tus desvelos. No sé si seguiría viviendo aquí, a una hora en kilómetros, y viviendo. Rabia, furia, odio por la vida que por ser vida te llevará de aquí y yo recordaré además de tu presencia cómo la edad y la vejez te tambalean, y sé que si alguna vez sabes de esto es porque me lo oyes leer a mis hijos, y a mis padres,  y a mi todo, y no porque sea nunca capaz de pensar que te lo diré hoy, frágil, y perdida, y nebulosa. Hablo de mí. Sé que al menos, y no es consuelo, has vivido y luchado por todo aquello que la vida ha decidido que es digno, de la mano serena del mejor de los compañeros, marido, amor, idea del poeta, ¡quién pudiera, qué fortuna…!
En la patria que me vio abrir los ojos, y fuera, y no tan lejos, a caballo entre el cielo encapotado y el verde de la cueva y las madreñas y su melodía al amanecer la mañana aún adormilada. No soportaría la lejanía en tus úl…

Parapente.

Quizá es lo que ocurre cuando yo no hablo, porque yo no hablo y esto de esconderme va por oleadas. Oleada de me escondo, oleada de no me ves, oleada de no quiero aparecer. Tienes más razón de la que crees cuando me dices que nunca digo nada. Porque, ¿para qué decir algo si la nada lo expresa todo? Viva el rock & roll cuando rompes los platos y los vasos contra la pared, y me gritas, y digo: nada. Me gustas más cuando eres la bomba de mis ideas, pero eso ya lo sabes porque te lo he susurrado, y a todo el mundo no escuchas salvo si soy yo, y te susurro. Con tu vestido blanco tan nuevo. O con esos zapatos de imitación, que yo no puedo comprarte los buenos, pero ¿a que se parecen mucho? Siempre me cuesta menos un libro que un par de zapatos, pero tú te los sabes todos. Y los que no sabes, te los inventas, y yo me quedo en blanco porque ya no sé si es verdad o me engañas. ¿Me engañas, amor? Yo a ti no te engaño, aunque te diga nada. Es imposible engañar a esas manos, a mi espalda y su …

Flexere.