Primer Trazo III. Los años.

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Primer Trazo.
Primer Trazo II. Él. 

Dos, exactamente dos años y medio. Dos años y medio desde que te amé por última vez a ti, que ahora me perdonas. Cuando te fuiste y no fui valiente, todo se sucedió como en la vida de otro que nunca te han contado. Tú me olvidaste y besaste más labios. Yo rebusqué en mi pasado y encontré un amor que apareció con el tiempo, a pesar de no olvidarte, pero fue amor y hoy un nuevo tormento cuando tus ojos como los míos, han dejado de serlo. A veces, cuando te veía no podía evitar recordarte una semana entera, siempre tan correcta, siempre tu amor, que yo quería buscar y que brillaba... Y no estaba ahí. Confieso que de verdad me enamoré después de haberte visto marchar, de otras manos que siempre me quisieron más y hoy me abofetean los días pares, como un reloj.

No has olvidado mi cumpleaños, y eso es extrañamente lo que mejor me ha hecho sentir. Me resulta tan fácil hablar contigo otra vez, amiga, amiga mía y no necesariamente nada más, aunque me gustaría -a veces sueño con un beso de esos tuyos tan antiguos-, que temo volverme a enamorar. Pero ahora que ha pasado tanto, que tanto hemos vivido... ¿qué habría sido de mi vida de haber sido valiente aquel último paseo?

Probablemente no hubiera sido tan tonto, probablemente te hubiera amado más y quién sabe, quizá ahora sería feliz, porque no lo soy, y no es la soledad quien me lo impide, ya lo sabes. Ojalá hubiera sido valiente. Pero hace ya tanto, que si lo quiero ser ahora, sí que no sé cómo seguir. Me contento con absurdos y momentos frágiles pegado al ron más barato que encuentro, perdido entre clase y clase que no sé dónde me lleva, si es que me lleva a algún lugar. Cuánta pena ahora que hablo contigo, y recuerdo tus ojos, como los míos. Qué confusión saber que me perdonas, aunque te mentí. Al menos sé que no has olvidado y has guardado lo mejor, porque sí, una vez más, fui un estúpido.

Cómo olvidar aquella frase...  



Quien ciego ha quedado no olvida el tesoro que sus ojos perdieron.
"Romeo y Julieta." William Shakespeare.

Comentarios

  1. ¡Qué decir de estos tres trazos!
    El Corazón manda y el Cerebro ordena. ¡Qué contraposición!
    Pues no, el Corazón ama y el Cerebro canaliza ese amor, pero al final quién decide es el Cerebro y, esto es así, porque siempre tiene que ser ecuánime el SENTIMIENTO y la CONDUCTA, siempre irán parejos, para que el fin sea el AMOR de una pareja.

    Trasguyo

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  2. El cerebro decidió y terminó por separarlos, como tantas vidas, como tantos sueños. Siguen, los recuerdos.

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