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Mostrando entradas de abril, 2012

Caminante sin destino.

Camina ausente y ausentado de sus huellas, busca un pasado que ha olvidado y recuerda una y otra vez. Sus pasos, uno tras otro, sin pausa, sin cambios, etéreos, le dirigen firmes y convencidos a ningún destino. Hace tiempo que la realidad dejó de serlo y le golpea a diario la idea de los sueños incumplidos, pero qué más puede hacer, vacío, vacío de todo. Hasta lo bueno que guardaba en la petaca y lo más bueno que guardaba en la mochila parece que nunca ha existido, que por no poder, no se puede ni contar. Ese amor salvaje o aquella dama de razón perpetua, nada, nada hay ni en su piel, lisa, sin cicatrices o manchas del sol, ni en sus ojos, de iris casi, casi negro. No puede decir que su infancia fue alegre y despreocupada, ni que su adolescencia cultivó su temperamento y su valía y su honradez. No puede decir nada, y no es amnesia, sino decepción.
Tampoco el futuro es algo que se muestre nítido, estoico o fácil. Cómo va a observar algo a oscuras sin luz ni llama; sin saber qué fue, cóm…

Los desvelos.

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Entre las sábanas y la sinrazón oscura
de mis temblores y mi huida,
dónde solo me sentí segura,
dónde no guardé maldad ninguna,
ahí, ahí es donde me escondo
clamando a la luna y a la muerte
un por qué, un con quién, un ahora.


Burlando la química entre comidas,
escabuyéndome del deber y la razón
que nunca recuerdo haber proclamado,
que hacen por mí cuando yo no quiero:
me desvelan, me arañan, me envenenan,
me deshacen, me desatan y me aturden.
Como la vida, como el amor, como el dolor,
como tus ojos en la negrura de mís días.

Temblores y fiebres salubres,
saladas de herrumbre y mal hacer
cuando yo no te pienso ni te grito, ni suplico.
Cuando tú me rescatas y desarmas mi orgullo
herido de muerte en tu querer y en mi mente,
y en tu mirar, y en mis libros, y todo amanece.
Y así, se oscurecen los meses.